El acuerdo comercial al que llegó México con Estados Unidos y Canadá (UMSCA) no impulsará al alza las expectativas de crecimiento para México pues estaba descontado, concuerdan analistas de las consultorías Oxford Economics, Moody’s Analytics y FocusEconomics.

Más bien, de no haberse aprobado el acuerdo es lo que habría motivado los peores escenarios para el desempeño económico, y éstos serían una clara presión a la baja para las expectativas, matizaron.

Entrevistados por El Economista, en vísperas de las Reuniones Anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI), advierten que los inversionistas mantienen cautela sobre las políticas económicas que aplicará la nueva administración de Andrés Manuel López Obrador, pese a reconocer esfuerzos de conciliación con la Iniciativa Privada de parte del equipo de transición.

Coinciden también en que el endurecimiento de las políticas fiscal y monetaria ha cumplido el objetivo de retomar la tendencia de salud en las finanzas públicas y de enfrentar la presión sobre los precios generales.

Sin embargo, han terminado por desacelerar la dinámica de crecimiento de la economía.

Desde Londres, Marcos Casarin, economista en jefe para América Latina en Oxford Economics, dice que el tercer trimestre del año se ve una recuperación desde la contracción del segundo cuarto del año y un desempeño estable.

Admite que al disiparse la preocupación por el resultado electoral y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), hay un mejor contexto para la economía.

No obstante, refiere que no hay elementos en la actividad productiva que permitan suponer una aceleración de algún sector económico. “Más bien, vienen produciendo muy cerca de su tasa de crecimiento potencial, que es de 2.5%, ligeramente debajo”.

En su opinión, hay espacio para que el FMI revise a la baja su previsión de crecimiento para México, que en julio estaba en 2.3 por ciento.

De hecho, la consultoría Oxford Economics estima que el Producto Interno Bruto (PIB) este año cerrará con una expansión de 2 por ciento.

Aprendizaje para administrar el gasto público

Desde Filadelfia, el director para América Latina de la Consultoría Moody’s Analytics, Alfredo Coutiño, dice que el año entrante no hay forma de que se presente un impulso interno en la economía que pueda acelerar el PIB a un nivel de 2.7% como el que estimaba el FMI en abril.

“Regularmente el cambio de administración suele motivar un más lento flujo del gasto público en lo que el nuevo equipo aprende a operarlo. Ahora, si tomas en cuenta que la nueva administración cambia por completo, que casi nadie trae experiencia en la administración pública, pues podemos pensar que la curva de aprendizaje será más pronunciada, lo que retrasará el ejercicio del gasto público”.

Descarta considerar un impulso fiscal vía gasto público, pues la consideración que ha hecho el equipo económico es un reacomodo de partidas presupuestales, lo que significa que no habrá un empuje fiscal. “Pensar que a lo largo del año entrante habrá un estímulo fiscal, parecería bastante optimista”.

Considera que el FMI “haría bien en recortar la expectativa de crecimiento que en julio, estaba en 2.7 por ciento”.

De hecho, en Moody’s Analytics estiman que habrá más bien una desaceleración que llevará al PIB a una tasa de 1.5 por ciento.

Aún existe cierta incertidumbre

Desde Barcelona, Christopher Thomas, economista para México en FocusEconomics, explica que la nueva administración de izquierda sigue siendo fuente de “cierta incertidumbre”, pese a su postura de apertura para integrarse a la negociación del TLCAN y facilitar un diálogo con inversionistas.

Para el mercado, la alta popularidad de AMLO podría otorgarle la oportunidad única de avanzar en reformas necesarias para acelerar la actividad económica y derramar en la sociedad los beneficios.

Sin embargo, no hay elementos que permitan anticipar cómo aprovechará AMLO su capital político ni cómo se desenvolverá a nivel comercial.