Sólo en Europa, la cercanía de un rescate puede hacer pensar a alguno que tal remedio ya no es necesario. Las palabras del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, para acceder al auxilio han provocado una caída histórica de la prima, pero su nivel cuadruplica el que tenía cuando Zapatero tuvo que dar un giro radical a su política porque el diferencial había superado todas las líneas rojas.

Puede que ya no sean 550 puntos base los que separan la rentabilidad del bono español a 10 años con la referencia en Europa, el bono alemán al mismo plazo. Eso era hace una semana. Ahora son poco más de 410 puntos. La distancia es sideral y se mide en cientos de millones de euros a la hora de financiar un país, pero el nivel sigue estando en el mundo de lo inasumible.

José Luis Rodríguez Zapatero lo sabe. La prima de riesgo cruzó la línea roja del gobierno de PSOE en mayo del 2010, cuando superó los 100 puntos, pero en la jornada histórica en la que se presentó ante el Congreso con la congelación de las pensiones y el recorte del salario a los funcionarios en la mano estaba en menos de 100 puntos.

Mariano Rajoy lo sabe. En noviembre del 2010, el diferencial se ubicaba por debajo de 300 puntos.

Hoy, el gobierno ha acoplado su estrategia y está emitiendo en los plazos más cortos de la curva. Su intención es contener los costos de financiamiento y no presionar más el bono a 10 años, y se ha encontrado con la promesa de Mario Draghi de comprar justo en esos plazos, lo que ha reducido drásticamente los diferenciales.

Esta situación podría llevar a Rajoy a dilatar la petición de un rescate que se daba por hecho.

En agosto, las agencias de rating y los bancos de inversión tenían ya una fecha en la cabeza: mediados de septiembre, justo después del eurogrupo de la semana que viene. Ahora, Barclays la ha pospuesto para la mitad de octubre.

Y es que ahí están las elecciones gallegas y vascas, y la tentación de no materializar el mayor temor de todo Presidente: pedir un rescate durante su mandato.

Europa puede tener la última palabra. Igual que forzó a Rajoy a pedir el rescate bancario, puede hacerlo ahora con este auxilio parcial en forma de compra de deuda en los plazos cortos. Bruselas necesita un cortafuegos definitivo para contrarrestar cualquier mal que venga de Grecia, donde cada día se ve más cerca un abandono del euro. Si eso sucede, el contagio de España e Italia debe haber sido cauterizado y eso es lo que ofreció Draghi.

Por ahora, las subastas del Tesoro han sido un éxito, pero porque las peticiones han estado muy ajustadas y el precio ha sido alto. Para llegar a fin de año, el gobierno tiene que pisar el acelerador y puede que entonces la demanda ya no responda.

Los bancos son casi los únicos que compran deuda del estado ante la huida de los inversionistas extranjeros, tienen sus alforjas más que repletas de dinero nacional y en los balances ya no cabe mucho más.

Y hay un obstáculo más. Por mucho que Rajoy achaque la caída de la prima de riesgo a que se han despejado las dudas sobre el euro, varios analistas apuntan a que el descenso se debe a la inminencia del rescate. Si la decisión se dilata, la presión puede volver a explotar.

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