El flujo de las remesas hacia los estados de bajo ingreso asciende a 560 millones de dólares anuales; una cantidad que supera tres veces al financiamiento al desarrollo, advirtió Dimitriy Rozhkov, economista del Departamento de Asuntos Fiscales del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Explicó que a pesar de la crisis económica que ha provocado la pandemia de Covid-19, las remesas han resistido y probaron que son transferencias anticíclicas, donde los migrantes envían dinero a sus países de origen cuando sus familias experimentan un choque económico.

“Protegen a sus familias en casa frente a choques de ingresos, respaldando y facilitando su consumo, ayudan a reducir la pobreza, mejorar la nutrición así como la calidad de vida de los receptores”.

Al participar en uno de los seminarios previos a las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial, resaltó que al confirmarse la resistencia de estos flujos en esta crisis que ha afectado por igual a los países receptores, como a los originadores de migrantes, es relevante buscar un mecanismo para aprovechar mejor estos recursos.

Y una vía sería impulsar reformas estructurales en los países receptores de remesas que favorezcan al emprendimiento y mejoren las condiciones de trabajo, de manera que puedan aprovechar el flujo de capitales.

Migración y Covid-19

Al participar en la conferencia sobre Migración: el impacto en los países de origen y receptores de remesas, Dimitriy Rozhkov reconoció que la pandemia frenó de golpe las migraciones y podría alimentar la baja disposición de los países a aceptar migrantes.

Ahí mismo, Magali Pinat, experta del Departamento Europeo del FMI explicó que un descenso de la inmigración y un desempleo elevado en las economías de destino, perjudicaría a los países de origen, destacó.

Subrayó que los efectos económicos de la migración hacia economías ricas y avanzadas, suele favorecer al crecimiento del PIB y la productividad tanto en corto como en el mediano plazo.

En concreto, explicó que al incrementarse en 1% el flujo de entrada de inmigrantes sobre el empleo total, aumenta 1% el PIB del país receptor al quinto año de permanencia del inmigrante.

Esto se debe a que los trabajadores de origen local y los inmigrantes aportan al mercado laboral un conjunto de competencias que son complementarias y aumentan la productividad.

Y destacó que mientras más preparado está el inmigrante al llegar al país receptor, mayor suele ser el impacto económico.

ymorales@eleconomista.com.mx

kg