El Producto Interno Bruto (PIB) de México cerró el 2017 con una expansión de 2.0% anual, de acuerdo con cifras originales del Inegi. El crecimiento económico del país durante el año pasado se apuesta como el más bajo de los últimos cuatro años, lastrado por la actividad industrial y por una leve desaceleración del sector servicios.

Al cierre de enero, la estimación oportuna del PIB anticipaba que el crecimiento de la economía sería de 2.1 por ciento. El dato fue corregido a la baja con las cifras revisadas, ubicándose por debajo del pronóstico del mercado, que anticipaba también un incremento de 2.1% anual.

La producción del país fue frenada por un menor dinamismo de los servicios, que aportan la mayor parte del PIB mexicano. El sector terciario representa casi el 65% de lo que se produce en el país y su PIB en 2017 reportó el crecimiento más moderado en tres años. Ya que respecto a 2016 el PIB de los servicios aumentó 3.0 por ciento.

Otra limitación para el producto se registró en el sector industrial, que concentra otro 30% de todo lo que se produce en México. El PIB industrial en el transcurso del año cayó por primera vez en tres años, retrocediendo 0.6% en comparación con 2016. Ésta también destaca como la mayor contracción para el sector secundario en ocho años, desde 2009.

Aunque la participación del sector agropecuario es la menor entre los tres grandes grupos de actividad, ya que aporta poco más del 4% de la producción nacional, ésta también se desaceleró respecto a 2016. Al cierre de 2017 las actividades del agro apuntaron un crecimiento de 3.3%, que resalta como el menor aumento a partir de 2015.

Alejandro Cervantes, economista senior de Banorte, adelantó que el panorama para la economía mexicana en este 2018 contempla retos importantes, sobre todo durante los primeros seis meses del año. En particular, dijo, el consumo privado, que es el principal motor de la economía, podrá desacelerarse ligeramente en respuesta a los altos niveles de inflación.  A pesar de esto, el choque en los precios también podría verse compensado por la dinámica del mercado laboral.  

En el ámbito industrial, el analista expuso la posibilidad de una mejora en la producción manufactura, ya que la incertidumbre sobre el rumbo del TLCAN podría generar que las exportaciones de mercancías mexicanas busquen anticiparse a mayores restricciones en el futuro.

Para la construcción, consideró que el aumento en el gasto gubernamental, en el marco de las campañas electorales, podría resultar benéfico. Pero la incertidumbre generada por este proceso y por las negociaciones con Estados Unidos y Canadá, podrían poner freno a los flujos de inversión privada.

Por estos factores, “el PIB presentaría un menor ritmo de crecimiento durante la primera mitad del año”, dijo. “En la medida que la incertidumbre en torno a los eventos ya descritos se vaya disipando, la economía mexicana será capaz de generar un mayor crecimiento económico, acompañado de una inflación decreciente, en un ambiente de estabilidad y sin desequilibrios externos”, consideró.

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