"El auto está chocado. O lo dejás tirado en la calle o lo llevás al taller y pagas". La frase corresponde a un consultor y es una buena descripción de lo que pasa con la economía de Argentina. El ajuste está a la vuelta de la esquina, en todo caso, la historia es quién lo va a pagar, o quién va a pagar la mayor parte.

¿Cómo pasó? Tal vez no hay una sola respuesta. Pero está claro que a los errores políticos se le suman desaciertos económicos y un mundo que dejó de beneficiar al país.

Porque el kirchnerismo, que recibió un país en recuperación pero con las grietas del caos social y económico generado en los 90, y la consecuente explosión de la Convertibilidad del 2002, supo generar en los primeros cuatro años de Gobierno, las condiciones para encaminar el país hacia un corto plazo envidiado por cualquier país de la región: un sistema financiero en plena función; reestructuración de la deuda pública; crecimiento ininterrumpido de la economía desde febrero del 2002 (30% acumulado hasta 2006); 50% de aumento de la actividad industrial en el mismo período; dos millones de trabajadores incorporados al mercado laboral, y cancelación total de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Otros datos muestras que las reservas del Banco Central pasaron de 13,800 millones de dólares en el 2003 a 45,600 millones en el 2007. La inversión bruta llegó a 38.2% en el 2003 y marcó 34.4% un año más tarde, mientras que en el 2007 alcanzó 13.6%, según la consultora Abeceb. Hoy la inversión es -4.3 por ciento.

Si lo que se mira es el comercio exterior, el saldo durante el primer gobierno de Néstor Kirchner fue de 15,700 millones de dólares y cuatro años más tarde era de 11,200 millones de dólares. Otra muestra de buenos números fue la tasa de desempleo que pasó de 17.3% a 8.5% durante el mismo período. Cristina sí puede mostrar en este caso un número positivo: se va del Gobierno con el desempleo más bajo: 6.6 por ciento.

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Todos los otros indicadores del 2015 son negativos. Es cierto que la soja vale la mitad que en el 2007 y que Brasil cayó en recesión. Pero el kirchnerismo se empecinó entre otras cosas en mantener pisadas las tarifas de los servicios públicos, atacar sin éxito la inflación y desconocer el atraso cambiario. Tal situación generó un aumento del gasto público que tiró por tierra uno de los grandes éxitos de los primeros cuatro años de Gobierno: el superávit fiscal. Hay más. Argentina cerrará el 2015 con el superávit comercial más bajo de los últimos 13 años, apenas 1,900 millones de dólares.

El economista y referente económico del Frente Renovador, Ricardo Delgado, afirma que la herencia de Cristina es una cuenta corriente en dólares negativa de 18,150 millones de dólares, un resultado fiscal primario de -4.9% y uno global de -6.9%; reservas por 24,000 millones de dólares (sin contar obligaciones y sumando yuanes); y una deuda pública de 42 por ciento.

"El kirchnerismo empezó con un objetivo que era salir de la crisis. Lo cumplió. El problema es que luego tuvo como objetivo un plan político. Esto último lo llevó al actual desorden económico y a seguir en default", sostiene el economista Fausto Spotorno.

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Cuando el superávit comercial comenzó a contraerse y como contrapartida creció el fiscal, el Gobierno se aferró al consumo interno como medida para sostener el crecimiento y el empleo. Si bien los salarios subieron acompañando la inflación, la Argentina se encareció en términos reales. Es decir, los asalariados tuvieron mayor poder de compra, pero también la industria se hizo menos competitiva.

Un informe del estudio Orlando Ferreres, dice que en esa línea es posible identificar dos procesos. "Por un lado, una divergencia en la evolución de estos indicadores de principios del 2000, donde la productividad se estancó fuertemente y el salario real creció por encima del leve incremento del producto por empleado. Por el otro, a partir del 2011 la tendencia alcista de los salarios ajustados por inflación no se condice con la propia productividad; mientras que del 2011 a 2014 los trabajadores vieron su salario real subir 1%, su productividad mermó 7%".

Pero a la menor productividad se le sumó la inflación. Con los precios por encima del 20% durante años, la inflación fue uno de los grandes problemas que tuvo que enfrentar Cristina Fernández.

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Lejos de frenar la emisión monetaria, la expandió. Tal situación es la receta contraria a lo que indica cualquier manual monetarista si lo que se quiere, precisamente, es frenar la escalada de precios.

En los primeros años del kirchnerismo los economistas coincidían en que la Argentina no podía crecer a 10% y tener una inflación de un dígito. Sin embargo, tampoco habla de una economía estable tener una inflación de 25% y menos cuando la misma se sostiene en el tiempo.

Así y todo, y más allá de los errores del Gobierno, lo cierto es que Argentina se encamina a un ajuste. Tanto Scioli como Macri lo niegan al menos hasta el 10 de diciembre? pero saben que es inevitable. Lo que es evitable es que el peso no recaiga en un solo sector: los más necesitados, o los más pobres, que no son sólo 5% como este año dijo el Gobierno.

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