El dispositivo de seguridad para el Super Bowl LIII se encuentra en incertidumbre, debido a que una parte de los 1,500 elementos de seguridad que resguardarán el evento no cobrará por sus servicios, por la falta del pago de sus salarios, que padecen desde el pasado 22 de diciembre, a causa de la falta de aprobación de un presupuesto del presidente Donald Trump.

“El Departamento (de Seguridad Nacional) se toma muy en serio la seguridad de eventos especiales como el Super Bowl, y continuamos ejecutando nuestra responsabilidad de protección y apoyando a nuestros socios locales de seguridad pública para este evento”, dijo el vocero del departamento, Tyler Q. Houlton, en un comunicado, la semana pasada.

El partido ha sido categorizado por las autoridades como SEAR 1, es decir, la segunda categoría más alta de riesgo para un evento, sólo por debajo de los espectáculos que son susceptibles para ataques terroristas.

Fue etiquetado de esa forma debido a que se necesita del apoyo y la coordinación de agentes federales, estatales y locales. La falta de salarios de algunos agentes, incluidos algunos miembros del FBI, ayudó a que el Super Bowl fuera considerado así.

“Se podría ver una disminución en la eficiencia”, comentó Aloke Chakravarty, un exfiscal federal que trabajó en el caso del atentado del Boston Marathon, al USA Today.

“Las personas que apoyan al FBI y otras autoridades, como los analistas, podrían faltar a sus puestos. Los analistas pueden no estar en sus terminales”.

Sin embargo, el portavoz del Departamento de Policía de Atlanta, Carlos Campos, aseguró que el cierre no afectará la seguridad. Los funcionarios federales, estatales y locales se han preparado para el Super Bowl durante dos años e insistió en que están listos.