Ana Gabriela Guevara tiene clara la diferencia sobre su prestigio como atleta y como funcionaria pública, no se complica, no teme que su imagen se manche por errores que broten durante el sexenio en el que gestionará el porvenir de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade).

“En la función pública es el riesgo que se lleva”, responde a El Economista. “Tenemos que dejar claras las cosas, establecer criterios y lineamientos que nos permitan transitar”.

Ana es una de las mejores deportistas que ha dado México: medallista olímpica en Atenas 2004 y tres veces medallista en Mundiales. Su prestigio no es poca cosa.

En un momento de transición para México, Esteban Moctezuma, nombrado por Andrés Manuel López Obrador como titular de la Secretaría de Educación Pública, pondrá la política deportiva del país en manos de Guevara. La exatleta que ha asumido responsabilidades como diputada y en el Senado recibe a una institución que operó este año con 2,100 millones de pesos, una cifra que representa una caída dramática comparado con el presupuesto de 7,179 millones que tuvo en el primer año de Enrique Peña Nieto como presidente (2013). Si comparamos los años 2013 y 2018, el presupuesto para la Conade se redujo 3.4 veces.

El presupuesto no es la única condición que ha enfrentado la institución deportiva. Además, Ana recibe a un país con 73% de la población adulta con sobrepeso u obesidad, de acuerdo con datos de la FAO. Mientras que estadísticas de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2016 indican que de la población de 20 años en adelante 72.5 % presenta este problema de salud y 21.5% realiza actividad física con el tiempo recomendado a la semana por la Organización Mundial de la Salud.

Desde que Ana fue nombrada en agosto de este año para llevar la Conade, sus apariciones en público han sido cercanas a los atletas. El pasado 21 de noviembre escuchó las peticiones y experiencias de atletas en el foro Diálogo con Deportistas.

“Hay decisiones que estarán en mis manos y otras que no. No debemos caer en desgastes innecesarios. No voy a medir mis resultados ni mis parámetros por las medallas olímpicas, sé que son importantes, pero hay más cosas por hacer en el país”, expresa.

De acuerdo con el Informe sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la deuda pública de la Secretaria de Hacienda del 2017, el monto otorgado más alto a una Federación durante el 2018 fue a la de golf con 14 millones 625, 000 pesos, seguido de la Federación Mexicana de Tenis con 14 millones 232,906. El golf y el tenis no dieron medalla olímpica en Río de Janeiro 2016, ¿pero qué hay de la plata de María del Rosario Espinoza en Taekwondo?

La Federación de TKD recibió 3 millones 104,792 pesos. La diferencia suena muy distante.

—¿Serán las medallas un criterio para repartir los recursos entre las Federaciones?

Hay que tener una forma de actuar con una Federación y no actuar con la misma balanza con otra. Va en función de los presupuestos de las Federaciones y sus capacidades de alcance. Pero no es parejo, no se puede sólo medir por los resultados deportivos inmediatos. No están homologados los recursos, no es sólo ocuparlos para que (los atletas) sigan compitiendo, sino quién los atiende.

—¿Cuál es tu estrategia para hacer entender a las federaciones y atletas que la Conade va a operar con menos recursos?

El Presidente pidió que vayamos más hacia el deporte popular, que tengamos un plan de integración y readaptación de un tejido social que está fragmentado y la herramienta más efectiva y no costosa es la deportiva.

Caemos en un error en nuestro país, la Cámara de Diputados es vista como el lugar para solicitar infraestructura de canchas, albercas, unidades deportivas, pero no tenemos una lógica ni un plan. No estoy diciendo que no se lo merezcan, pero hay puntos de vista diversificados. Unos atletas sienten que son la prioridad y otros que tienen que hacer fila. La infraestructura tiene que ir ad hoc a lo que la comunidad puede llevar a cabo y no decir que se necesita un gimnasio multideportivo sin ninguna lógica de a cuánta población va, cuántos niños van a entrenar, si hay capacidad de entrenadores. Es como hacer un vestido sin nadie a la medida. Se ha caído en el error del despilfarro de tantas infraestructuras que existen, pero no funcionan, tienen que ser rehabilitadas o volverlas a hacer (...) o que se robaron el equipamiento o que el gobierno se desentendió.

—En otros sexenios se ha hablado de planes de activación física para la sociedad y han fracasado. ¿Cómo harás que el tuyo tenga éxito?

No es un programa propiamente. El presidente electo pidió que no se genere ningún programa de gobierno, ni debutar alguno que tuviera nombre, ni un movimiento nacional, con lo cual yo coincidí en decirle “hagamos algo que esté armonizado con municipios, con los estados y con la Federación”. Establezcamos un modelo continuo y que no sea para la justificación de un programa de gobierno, en el que nada más se llena un estadio, plaza, se toman la foto y eso es un justificador del trabajo, cuando realmente no está logrando el propósito de este tipo de programas: prosalud, prointegración, atender el tema del alcoholismo, tabaquismo y sedentarismo.

—Si ponemos en una balanza el deporte de alto rendimiento y la activación física, ¿qué va a pesar más?

Tenemos que ir a la par, no lo partiría ni tampoco le daría más o menor peso. A un gran porcentaje del alto rendimiento no podemos desatender porque se siguen preparando, compitiendo, pero sí tenemos que cimentar las bases del deporte. La reforma educativa destruyó la docencia de educación física. Esto irá en contrapeso, no podemos establecer una prioridad, ni cuál prevalecerá más que otra, porque la única prioridad en la que se puede fundar es en el tema presupuestal.

Hay deportes que jalan la balanza por la calidad de resultados que alcanzan, pero no podemos dejarle todo el peso a eso, sin dejar de ver las generaciones que se deben sostener. No es sólo por los resultados, sino por lo que ramifica. Cuando se tuvo más presupuesto en la Conade no había más medallas, porque no se compran con dinero, se requiere de preparación, tiempo y desarrollo.

Mantener un criterio de si se dieron más recursos, si es correcto o no, el punto medular es que no hay plan y mientras no haya seguimos jugando como en una ruleta en Las Vegas, seguimos apostando, a veces se le pega a veces no.

—¿A qué te refieres cuando dices que no hay un plan?

Si vas y entrevistas a cualquier presidente de una Federación y le dices “dame el censo de tu Federación”, no lo tiene.

Ejemplo: censo neto, deporte tal, cuántos activos tienes en el país, por estado, profesionales, amateurs y no lo tienen (...) No hay un control, es como si tuviéramos un INE dentro del mismo deporte. Entonces así yo sé que existen atletas en un sistema, aparecen por municipio y estado. Tendríamos el número de carreras, la continuidad, intermitencia, si son seleccionados, etcétera. De otra forma entonces sólo hacen ejercicio porque sí, sin seguimiento.

Todo negocio y proyecto debe tener una fundamentación de por qué y para qué, cuál es la curva de inversión, ganancia y la obtención de dividendos.  La tecnología nos permite más simplicidad y que sea un derecho inscribirse en el sistema del deporte del país y que eso genere una clave. Que las Federaciones vacíen los datos.

No podemos hacer un ejercicio de pronóstico si no tenemos certeza de a dónde vamos, esto lo platiqué con unos diputados. Necesitamos a la gente censada como el INE sirve para las elecciones. Cuando podamos detectar una población con numeralia, entonces sí le podemos dar una pista o un estadio.

Primero estamos haciendo un estudio sociodemográfico de campo. De ir a todos los deportivos, y después empezar con las federaciones y asociaciones. Hacer la numeralia y debutar este programa. Tiene toda la viabilidad. No lo hemos aterrizado porque implica un proceso interno, pero con esto se eliminaría tanto papel. Al momento que se genere una identificación, está incluido todo en una homoclave.

—¿Cuál es tu propuesta para atender los casos de desvío de recursos o falta de transparencia?

He hablado con Ernesto D’Alessio —quien presidirá la Comisión del Deporte en Cámara de Diputados— sobre la transparencia y la corrupción. Antes de dar ese paso, tenemos que generar el órgano de la justicia en el deporte. No hay quién defienda al deportista y la Comisión de Apelación y Arbitraje del Deporte no tiene facultades ejecutorias, solamente de amonestación y, si el tema es grave, lo determinaría un juez, si es acreedor a cárcel, a una multa, si pasa a ser un delito penal o civil y qué curso va a tomar. Le tenemos que dar mayores facultades jurídicas para que, en caso de corrupción, de desvíos, violación de derechos, de cualquier anomalía competitiva o extra competitiva, se tengan elementos para poder sancionar.

Ahora no existe, es un trámite, se valora ese acuerdo, se ha hecho gran trabajo y sacar casos importantes del deporte, pero se han quedado muchos en el tintero por esa falta.

—¿Cuál es la principal directriz que buscas en tu gestión en la Conade?

La elemental es la de hacer el deporte cercanía. La comunidad está ávida de proponer y son cosas muy básicas, pero hay unas que tienen complejidad, hay muchas ideas de bote pronto, de ocurrencia. Hay muchos satélites alrededor de un sistema que queremos poner en orden y que tendremos que priorizar y buscar que a través de las federaciones logremos encauzarlos y meterlos al riel correcto y esto sólo se va a lograr con la cercanía y el diálogo.

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Ana fija su postura y dejará en los próximos años el parámetro que evaluará su gestión. Previo a comenzar su etapa decidió “detener las entrevistas, no por desaire sino para no dejar un punto de vista al escrutinio”.

“El mejor referente de mi gestión será la respuesta de la gente no la mía. No vengo aquí por medallas, es un lugar privilegiado poder comandar las directrices que se quieren tener en el deporte, pero la visión la darán los atletas”

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