El músculo financiero que representa el futbol inglés en la actualidad se puede comprobar en diferentes rankings: la Premier League es la liga más valiosa del mundo con 9,070 millones de euros en plantilla; Manchester City es número uno en cuestión de clubes con 1,080 millones; y seis de los 10 jugadores más costosos militan también en la primera división inglesa.

La potencia económica del futbol inglés se activó a gran velocidad hace 18 años, cuando el empresario ruso, Roman Abramovich, compró al Chelsea por alrededor de 200 millones de euros y lo convirtió en uno de los integrantes del Big Six más ganador a nivel nacional e internacional en el presente siglo. Ahora el equipo está valuado en 2,755 millones.

Antes de Abramovich, no había porcentajes de propiedad extranjera en la Premier League, pero hoy el panorama es totalmente distinto: 70% de los equipos tienen mayoría de inversión foránea y 10% tienen participaciones minoritarias. Es decir, 16 de los 20 clubes poseen capital de países como Rusia, EU, China, Emiratos Árabes Unidos, Tailandia y Arabia Saudita.

“El futbol inglés en la década de los 80 estaba en decadencia, las familias no iban a los estadios, era un asunto exclusivo de hombres jóvenes (por cuestiones de violencia), pero con los cambios como los nuevos estadios y nuevas medidas de seguridad se empezó a bajar mucho el nivel de vandalismo y regresó a ser una experiencia que la gente quiere vivir entre familia. Con más dinero y un cambio de imagen, ha crecido el producto”, explica a El Economista, Kevin Baitup, colaborador y traductor freelance que ha trabajado para el Consejo Británico.

La más reciente inversión es la compra del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita al 80% del Newcastle United, que ha convertido al príncipe heredero saudí, Mohammed Bin Salman, en el propietario de futbol más rico del mundo, ya que su fortuna se estima en 377,000 millones de euros, 14 veces más que la de Sheikh Mansour, el dueño del Manchester City.

Con esto, 16 de los 20 clubes que compiten en la actualidad en la Premier League tienen accionistas extranjeros que van desde el 10 hasta el 100% de la propiedad. El capital más amplio proviene de Estados Unidos, ya que siete equipos tienen dueños de este país, seguido de China e Italia con dos, mientras que Emiratos Árabes Unidos, Tailandia, Arabia Saudita, Egipto, Rusia, Irán y Suiza tienen participación en uno cada uno (hay propiedades compartidas como el Aston Villa, entre el egipcio Nassef Sawiris y el estadounidense Wesley Edens).

“La inversión extranjera le conviene tanto a los clubes como a los dueños, ya que estos últimos tienen un pie en la economía británica que sí es muy fuerte y para los clubes es más dinero. Tanto en Reino Unido como en España e Italia están buscando nuevos mercados en grandes partes de Asia, es un interés mutuo, pero la estructura de los clubes españoles, por ejemplo, no permite que sea tan fácil meterse de forma directa”, resalta Baitup.

Además, los inversores extranjeros reciben otros beneficios más allá del dinero, pues también adquieren publicidad y una buena reputación pública, como ha ocurrido con la familia Srivaddhanaprabha, propietaria del Leicester City, que ha teñido de heroísmo la historia de Vichai, el padre de ese linaje, quien falleció en 2018 en un accidente aéreo por ir a ver un partido del club. También está el caso de Abramovich, amigo cercano de Vladimir Putin y que desde 1992 ha sido constantemente señalado por ilegalidades y corrupción en Rusia; con los triunfos del Chelsea, el empresario ha aparecido más en portadas deportivas que políticas.

“El futbol se percibe cada vez más como un canal óptimo para diversificar carteras de propiedad, promover una marca al asociarse con patrocinadores y posicionarla para ganar nuevos mercados y clientes, incluso a nivel mundial. Además, Europa es vista como un mercado enorme y lucrativo, especialmente para las marcas establecidas en China o EU. Un club en sí mismo también puede ser un negocio lucrativo si el éxito en la cancha se combina con una gestión estratégica y eficiente”, detalla una investigación de inversiones extranjeras por parte de KPMG Football Benchmark.

La representación inglesa en la Champions League es un reflejo del éxito deportivo y empresarial que están teniendo los inversores extranjeros. En la edición 2021-22 compiten Liverpool, propiedad de los estadounidenses John W. Henry y Tom Werner; Manchester United, de la familia Glazer, también de EU; Chelsea, del ruso Abramovich; y Manchester City, de Sheikh Mansour, miembro de la familia real de Emiratos Árabes Unidos.

Con el 80% de sus clubes teniendo a propietarios extranjeros, la Premier League supera a la Serie A (Italia) con 45% y a la Ligue 1 (Francia) con 40%, mientras que de lejos están LaLiga (España) con 15% y la Bundesliga (Alemania) con 5%. Además, según la investigación de KPMG, en la actualidad los clubes ingleses tienen el mejor valor de marca promedio del Big 5 de ligas europeas, con 1,714 millones de euros, dejando en segundo puesto los 1,515 del campeonato alemán.

“El futbol siempre es un reflejo de lo que sucede en un país. Inglaterra, aún con el Brexit, tiene que hacer un papel fuerte y las empresas multinacionales, los dueños y los millonarios de otros países no se van a quedar aislados; por ello, una economía emergente como Rusia y lo mismo China, entre otras economías asiáticas muy fuertes asiáticas le están llegando al precio a los dueños de clubes británicos”, menciona Kevin Baitup.

En los últimos cuatro años, cuatro equipos ingleses han estado peleando el campeonato de la Champions League, lo que ayuda a mantener el atractivo financiero de la Premier, que es observada en 212 países o territorios y que entre 1992 y 2018 pasó de vender sus derechos de transmisiones en 60 millones de euros a 3,252 millones. Incluso con el asunto del Brexit no se vislumbra un cambio en el modelo de negocio del futbol inglés.

“Inglaterra, después del Brexit, ha abierto sus fronteras a colaborar con otros países y ha estado bastante abierto a firmar tratados y darles ciertas facilidades al extranjero para que llegue a invertir, esto debido a que perdió muchas de las conexiones que tenía al pertenecer a la Unión Europea. Abrieron fronteras y quitaron trabas que tenían en general por la UE y con ello se vuelven todavía más atractivos para la inversión extranjera”, explica a este diario el especialista en finanzas y economía, Luis Gonzali Saucedo, egresado del ITAM y de la Universidad de Chicago.