La tarde cuesta arriba que se daba para las alternantes en la Plaza México por las condiciones de los toros fue cambiada por la disposición y enjundia que mostró la matadora Hilda Tenorio.

La decimonovena corrida de la Temporada Grande iba a la deriva, los astados de San Judas Tadeo salieron parados, inciertos y acusaron un peligro sordo.

Pero en cuanto salió el cuarto de la tarde, la michoacana no escatimó esfuerzos y las dos largas cambiadas de rodillas, cerrada en tablas, seguidas de tres espeluznantes zapopinas y un quite por chicuelinas, dejó boquiabierto a más de uno.

También hubo impotencia al escuchar la unificada petición para que cubriera el segundo tercio, pero de la misma manera la certeza de que a raíz de su lesión en las rodillas está imposibilitada para hacerlo.

En la faena de muleta inició con un estatuario en los medios, luego la arrucina y algunos derechazos rematados con el pase de pecho que el público coreó entusiasmado y de pronto el toro se paró.

La joven diestra intentó con más voluntad que acierto, pero el burel no dio para más y se vio obligada a abreviar señalando un pinchazo y una estocada baja que le impidió alcanzar el triunfo ya conseguido.

Todo quedó en vuelta al ruedo. En su primero saludó en el tercio.

Vega y López, fallidas en su presentación

Maripaz Vega pechó con dos toros complicados, su primero se colaba y el segundo de su lote no quiso saber nada con los engaños, por lo que sólo escuchó palmas y salió a saludar al tercio, respectivamente.

Lupita López tropezó con su capote al lancear a su segundo y a punto estuvo de sufrir un percance, pero gracias a la rápida intervención de las ayudas no pasó a mayores cuando estaba tirada en la arena y a merced del toro.

La yucateca escuchó palmas al pasaportar al tercero de la tarde y se eternizó con el cierra plaza para retirarse en silencio.