Acapulco, Gro. No es un error. De verdad: es más barato tener un boleto de la final de Roland Garros y el US Open, dos de los cuatro Grand Slam de la temporada, que del partido que definirá el título este sábado en Acapulco. El cartel garantiza que lo que se pueda vivir en la pista central este fin de semana puede ser una final de esa categoría. La ley de la oferta y la demanda dicta algo: el Abierto Mexicano de Tenis volvió locos a todos.

El Economista realizó un chequeo de información en el sitio de reventa legal StubHub para cotejar lo que se paga por estar en la final del torneo mexicano, y las cosas son así: el boleto más caro es de 112,101 pesos, y, para tener un asiento en la final de Roland Garros, el precio más alto es de 78,222 pesos y es el sexto ticket más costoso para la definición del título del US Open.

StubHub es un canal online internacional de reventa de boletos, propiedad de eBay, que se fundó en el 2000. Con el dinero que puedes destinar para ver la final del Abierto Mexicano de Tenis, en el mejor sitio, podrías adquirir hasta dos entradas para una buena zona (loge sideline) del estadio Arthur Ashe e invitar a alguien a mirar la final del US Open, el último Grand Slam de la temporada. Según StubHub, el ticket más alto para el Abierto estadounidense en reventa es de 142,455 pesos, pero ofrece precios desde 13,000 pesos.

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La tenista de Bélgica Kirsten Flipkens se dispone a realizar su saque, la juez de silla ha logrado acallar a los asistentes de una de las canchas más pequeñas del complejo de Mextenis luego del ¡México, México! que le han dedicado a Renata Zarazua. Pero, cuando el juego está listo para reanudarse, todo lo echa a perder el ¡Rafaaa, Rafaaa! de la cancha de a un lado. Esto es la fiebre de primavera, donde las canchas de entrenamiento se llenan más que los estadios. Así las cosas.

Los gritos hacia el tenista español Rafael Nadal no se detuvieron por uno o quizá dos minutos, y, como si le bajaran el volumen al estéreo, el sonido se fue perdiendo al tiempo que el tenista se alejaba y con ellos los fans que estaban ávidos de una firma, un abrazo, algo que les hiciera recordar, al menos por unos minutos, que lo tuvieron cerca.

¿El mundo entendería que un torneo Open 500 puede ser más caro de ver que un Grand Slam?

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Niños aventando sus pelotas de tenis gigantes para que se las firmen, mujeres como máquinas de suspiros, personas corriendo porque han escuchado un rumor, estadios llenos... en entrenamientos, fans llevando la cuenta del marcador en partidos que no cuentan. Personas dispuestas a pagar entre 30,000 y 112,101 pesos en la reventa (oficial) por estar en la final.

Novak Djokovic, Juan Martín del Potro, Rafael Nadal, Dominic Thiem, los tenistas más taquilleros del Abierto, han convertido a la presente edición en la más exitosa de todos los tiempos. De entrada, jamás la ciudad de Acapulco había obtenido más de 700 millones de pesos en derrama económica por el torneo, de acuerdo con datos del gobierno del estado.

¿Que a quién esperamos?, pues a Djokovic. Decía uno de los aficionados el pasado lunes cuando en el estadio principal estaba por jugar David Goffin, otro de los top 10 que están en Acapulco, y al mismo tiempo el número dos del mundo se alistaba para entrenar.

Los fans optaron por quedarse en una de las zonas afuera del estadio principal donde se puede mirar un poco -casi nada- lo que ocurre en una de las canchas alternas y allí se divisaba la cabeza del serbio... y nada más, lo suficiente para que los aficionados permanecieran la hora que entrenó.

La noche del domingo, apenas dos horas después de que había llegado a la ciudad, Novak Djokovic decidió realizar su primer entrenamiento. Los asistentes a la sede del torneo se enteraron en los pasillos de que tendría sus primeras sensaciones en la cancha y dejaron -casi- en soledad los partidos de la calificación para ir al estadio. Al menos 5,000 personas (en un estadio en donde caben 7,500) estaban sentadas coreando el nombre del serbio, callaban cuando realizaba un saque tratando de importunar lo menos posible y luego, cuando paraba, le gritaban a Nole, y él, de vez en cuando, hacía un guiño con alguna actitud para enloquecer el estadio.

Si ya estás en Acapulco sabes de lo que hablo: largas filas, fans cazando algún autógrafo, y, con suerte, tendrás la selfie. También sabes que tus boletos valen oro.