El racismo en el deporte de Estados Unidos no es nuevo, pero en la era de Donald Trump ha encontrado espacios para diseminar sus mensajes. “Muchas personas del supremacismo blanco no son del todo fanáticos de Donald Trump, pero lo ven útil para su movimiento, ya que representa algunas de sus ideas y lleva a cabo políticas que les favorecen”, señaló la analista Cassie Miller, especializada en temas sociales y que escribe para el Southern Poverty Law Center, en entrevista con el medio Buzz Feed News.

De esa forma es como coexisten dos líneas respecto al entorno deportivo estadounidense: una, por los atletas que se han manifestado en favor de Donald Trump, pero que no son supremacistas, y dos, los que, con sus actos y discursos, sí se alinean a ser supremacistas.

En el primer caso encontramos a personajes como Mike Tyson, Tom Brady y Pete Rose. Durante la primera presentación de campaña de Donald Trump rumbo a su reelección en 2020, Tyson, amigo de Trump desde hace más de 30 años, declaró: “Si puedo convencer a 200,000 personas o más de que voten por Trump, lo haré”.

Al igual que Tyson, otras figuras del deporte se han pronunciado a favor de Trump desde antes de ganar las elecciones en 2016. Tom Brady, el máximo ganador de Super Bowls en la historia, lo considera “un buen amigo, y yo siempre apoyo a mis amigos”, mientras que el ex beisbolista Pete Rose y el ex golfista Jack Nicklaus no solo refrendaron su apoyo, sino que confiaron en él: “Señor Trump, por favor haga de América algo grande nuevamente”.

Incluso el polémico ex basquetbolista Dennis Rodman mostró abiertamente su apoyo a Trump durante el 2016: “No necesitamos otro político, necesitamos un hombre de negocios como el Sr. Trump”. En 2018, Rodman lloró en un programa de televisión en vivo tras ver el encuentro entre Donald y el líder norcoreano Kim Jong Un, en el que portaba una gorra con la frase “Make America great again”.

No obstante, ni Rodman, Brady, Tyson, Rose ni Nicklaus escribieron nada en sus redes sobre lo ocurrido en el capitolio de Washington el pasado 6 de enero, cuando miles de simpatizantes de Trump causaron uno de los desastres más grandes en la historia de Estados Unidos y en el que varias banderas confederadas se ondearon en lo alto.

Supremacía sistematizada en el ecosistema deportivo

En 2014, el ex defensor inglés Sol Campbell relató en su autobiografía: “Si yo fuera blanco, habría sido capitán de Inglaterra más de 10 años. Tenía la credibilidad, en términos de rendimiento, para serlo”, y agregó que la Federación de Futbol de Inglaterra es “institucionalmente racista”.

También en Inglaterra, en 1991, Ron Noades, presidente del Crystal Palace declaró: “Los jugadores negros le dan al equipo mucha habilidad y estilo, pero también necesitas blancos para equilibrar con inteligencia y sentido común”.

fredi.figueroa@eleconomista.mx