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Benito Molina y Solange Muris presentan Amapola, su nuevo restaurante en Valle de Guadalupe

Los chefs Benito Molina y Solange Muris abren Amapola en el Valle de Guadalupe: un restaurante de cocina marina, donde el ingrediente, la ética del producto y la memoria definen su propuesta.
Después de décadas marcando el rumbo de la cocina de Baja California, los chefs Benito Molina y Solange Muris presentan Amapola, su nuevo restaurante en el Valle de Guadalupe: una propuesta íntima y profundamente ligada al territorio, donde la cocina marina, la temporalidad y la memoria definen una etapa de madurez.
Amapola llega después de casi 30 años de Manzanilla, el restaurante que no solo consolidó sus carreras, sino que ayudó a definir una manera de cocinar en Baja California basada en el respeto al producto, la cercanía con el productor y una lectura honesta del entorno. Con ese recorrido detrás, la pregunta no era repetir una fórmula, sino abrir un nuevo capítulo.

Los chefs Benito Molina y Solange Muris
Así, la idea surgió a partir de una conversación honesta: la posibilidad de trasladar Manzanilla a otra ciudad. La conclusión fue clara. Manzanilla pertenece al mar. Amapola debía ser otra cosa: un proyecto propio, con identidad definida, que respondiera al Valle y a su paisaje.

Amapola
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El Valle como contexto, no como escenario
Ubicado dentro de Banyan Tree Veya, Amapola se abre al paisaje como parte esencial de la experiencia. El comedor, con capacidad para solo 16 comensales, mira hacia los viñedos y permite una relación cercana entre cocina y mesa. Aquí, el ritmo lo marca el entorno: el clima extremo, el silencio, la luz que cambia a lo largo del día.
No se trata de una cocina de destino turístico, sino de una lectura consciente del territorio. El Valle no aparece como fondo, sino como punto de partida.

Platillos en Amapola
El significado de Amapola
El nombre del restaurante rinde homenaje a la flor silvestre que brota cada primavera en los terrenos de Banyan Tree Veya. "Una amapola que aparece sin intervención humana, como resultado directo del entorno. Esa imagen resume la filosofía del proyecto: raíces profundas, autenticidad y una belleza que no necesita artificios", asegura Solange.
Cocina marina, ingrediente y memoria
La propuesta de Amapola se centra en la cocina de mar, aunque sin excluir las carnes locales cuando el producto lo amerita. El menú —un recorrido de seis tiempos— se construye desde la frescura, la trazabilidad y el respeto absoluto por la veda.

Platillo de Amapola
La experiencia inicia con una interpretación marina de la Ensalada César, transformada en un “taquito” de lechuga aderezada, atún aleta azul y caviar, un guiño a la historia gastronómica de Baja California. Continúa con una selección de conchas frías y calientes —mejillón, almeja, ostión y abulón rojo y azul—, productos difíciles de encontrar frescos y que aquí se trabajan con precisión y cuidado.
Uno de los pilares de Amapola es la relación directa con los proveedores. La cocina trabaja con pescados, mariscos y vegetales de la región, sin intermediarios y con un manejo que prioriza la sostenibilidad. Esa filosofía se traduce en platos como el estofado de cangrejo con berenjena, inspirado en la idea de un burrito y servido con tortilla de harina, o el pescado en caldo con frijol, un plato que conecta de forma inmediata con la cocina de casa.
El menú avanza con codornices locales y cierra con un corte de carne sazonado con sal de San Felipe, crema de Rancho Ramonetti y caviar de la región, confirmando que, aunque la inspiración es marina, Amapola reconoce la riqueza integral del Valle.

Platillo Amapola
Temporalidad como regla de trabajo
"En Amapola al igual que en Manzanilla, la temporalidad no es un argumento narrativo, sino una práctica cotidiana", insiste Solange. El menú cambia según la estación, se respetan las vedas y se cocina únicamente con ingredientes en su mejor momento. Para la chef, la trazabilidad y el respeto al entorno son inseparables del acto de cocinar.
Tras casi treinta años de trabajo en Baja California, Solange Muris lo resume así, "el verdadero valor de la cocina no está en los reconocimientos, sino en su capacidad de conectar a las personas con sus recuerdos. Un plato sencillo puede evocar la infancia, una abuela o una comida compartida. Ese vínculo emocional pesa más que cualquier premio".

Solange Muris y Benito Molina
Amapola como gesto de madurez
Amapola no es un restaurante de espectáculo ni una apertura que busque protagonismo inmediato. Es el resultado de una trayectoria larga, de decisiones conscientes y de una mirada madura sobre el territorio.
Si bien el Valle de Guadalupe cada vez está más concurrido, Benito Molina y Solange Muris apuestan por algo más complejo: una cocina ética, contenida y profundamente honesta.



