El huracán Sally arrancó árboles, desbordó calles y cortó el suministro eléctrico a cientos de miles de hogares y negocios el miércoles, ocasionando inundaciones "históricas y catastróficas" en la costa de Alabama y Florida, dijo el Centro Nacional de Huracanes.

Algunas partes de la costa del Golfo registraron lluvias intensas las últimas 24 horas, y se esperaban más precipitaciones a pesar de que los vientos disminuyeron, dijo el Centro Nacional de Huracanes.

El viento sopló lo suficientemente fuerte para derribar un camión con remolque que transitaba por una carretera de Alabama, según un video publicado por CBS News.

La comunidad turística costera de Pensacola, en Florida, sufrió inundaciones y sus caminos y puentes resultaron dañados. Más de 500,000 hogares y negocios en toda el área quedaron sin electricidad cuando la tormenta derribó robles majestuosos y arrancó cables eléctricos de los postes.

La tormenta se movía a un ritmo lento hacia la frontera entre Alabama y Florida.

"La lluvia es lo que se destaca aquí: es irreal", dijo Cavin Hollyhand, de 50 años, quien dejó su casa y se refugió en Mobile, Alabama, donde contemplaba los daños el miércoles.

La gobernadora de Alabama, Kay Ivey, dijo a los residentes que no salgan a la calle para verificar los daños a menos que fuera necesario, y se mantuvieran alejados de las líneas eléctricas y los árboles caídos.

"Tuvimos fuertes vientos durante un largo periodo de tiempo", dijo Grant Saltz, de 38 años, mientras tomaba un descanso de la limpieza de escombros fuera de su restaurante Mobile.

En Pensacola, se registraron ráfagas de viento de 125 kilómetros por hora y las imágenes en redes sociales mostraron inundaciones importantes. Un testigo informó sobre tormentas de granizo también en la ciudad y el NHC advirtió sobre posibles tornados.

Sally es la tormenta con nombre número 18 en el Atlántico este año y la octava con fuerza de tormenta tropical o huracán que azota Estados Unidos.

Los daños que podría causar Sally se estiman que alcanzarán entre 2,000 y 3,000 millones de dólares, según Chuck Watson de Enki Research, una firma que rastrea los movimientos de las tormentas y desarrolla modelos sobre sus costos a la infraestructura.