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Los ultraprocesados: el combustible ignorado de la caries y un gran problema de salud pública en México

aleksandr talancev/Shutterstock
Desde la infancia escuchamos que los dulces y las golosinas causan caries. Y es cierto: el azúcar es el alimento favorito de las bacterias en nuestra boca. Sin embargo, en la actualidad sabemos de la existencia de otro gran enemigo para la salud de nuestros dientes del que apenas se habla: los alimentos ultraprocesados, que están contribuyendo a la actual epidemia de caries a nivel mundial.
¿Qué son realmente los ultraprocesados?
De acuerdo con la clasificación NOVA, un sistema que agrupa los alimentos por su nivel de procesamiento, los “ultraprocesados” son todos aquellos alimentos que han sufrido, a partir de técnicas industriales, alteraciones en su forma natural.
Estos alimentos tienen un alto contenido en sal, azúcar, grasas saturadas y, además, utilizan aditivos como conservadores, texturizantes, saborizantes y edulcorantes para mejorar sus características y apariencia. Al ser ricos en azúcares, alimentan a las millones de bacterias que forman la placa dental o biopelícula dental, que crecen y convierten nuestros “snacks” favoritos en ácidos muy fuertes. Estos ácidos hacen que el pH disminuya.
El pH funciona como una alarma del diente: cuando este baja de 5.5, la alerta suena. Por debajo de ese nivel crítico, el ácido comienza a disolver los minerales que hacen duros a nuestros dientes, un proceso conocido como desmineralización. Con el esmalte deteriorado, la caries tiene vía libre para desarrollarse.
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Los alimentos pegajosos son más dañinos
No solo importa cuántos ultraprocesados consumimos, sino también con qué frecuencia. Al fin y al cabo, cada vez que comemos estos alimentos se activa el ataque ácido. Además, consumirlos de manera rutinaria en edad infantil desplaza de la dieta opciones más saludables y nutritivas, como los alimentos ricos en fibra, esenciales para una dieta equilibrada y para el mantenimiento de una buena salud bucal.
Otro factor de riesgo a tener en cuenta es el tipo de carbohidrato que se consume: cuanto más pegajosa es la consistencia del alimento, más tiempo permanece en boca. Y eso se lo pone aún más fácil a las bacterias que atacan los dientes.
Entre los factores que disminuyen el riesgo de tener caries destacan la higiene oral con una buena técnica de cepillado y uso de hilo dental, que la saliva tenga una buena capacidad protectora y que los dientes se encuentren sanos y fuertes, además de una dieta sana y libre de alimentos ultraprocesados. Una manzana, por ejemplo, resulta mucho más saludable ya que, aparte de ser un alimento natural, limpia los dientes por el tipo de consistencia que la caracteriza, a diferencia de una galleta, cuya consistencia pegajosa se adhiere al diente y mantiene un pH ácido por más tiempo.
El maíz y las legumbres, desplazados
Investigaciones en países como en Brasil y Estados Unidos han identificado que los niños con mayor consumo de ultraprocesados muestran una prevalencia más alta de caries y una menor calidad en la dieta.
En México, durante revisiones médicas realizadas en escuelas de educación básica, se detectó que el 59 % de los niños y niñas presentan caries, lo que evidencia la magnitud del problema. El consumo creciente de alimentos ultraprocesados en el país tiene profundas consecuencias en los ámbitos social, cultural y económico, especialmente entre las poblaciones más vulnerables.
El aumento de la ingesta de estos alimentos en comunidades indígenas, rurales y de bajos recursos se ha convertido en una señal de debilidad económica y desigualdad social. Por un lado, su consumo excesivo desplaza la dieta tradicional mexicana (basada en alimentos naturales como maíz, legumbres, frutas y verduras), lo que supone una pérdida de las raíces alimentarias.
Además, la inserción de la mujer en el sector laboral ha modificado la dinámica familiar, llevando a un mayor consumo de estos productos, ya que son percibidos como fáciles y rápidos de obtener.
Lo más preocupante es que, más allá de la salud bucal, el consumo frecuente de ultraprocesados desde temprana edad incrementa el peso y el desarrollo de enfermedades crónico-degenerativas, como la hipertensión y la diabetes, tercera causa de muerte en México.
Para colmo, el cambio en los hábitos alimenticios impacta directamente en el presupuesto familiar y el gasto público en salud. Entre 2006 y 2022, el gasto de las familias mexicanas en alimentos ultraprocesados creció un 20.5 %,, mientras que el gasto en alimentos no procesados apenas subió un 0.5 %. Este aumento no hace más que agravar la pobreza.
Aumentan la obesidad y la diabetes
Estos cambios en los hábitos de consumo se traduce, además, en un costo en enfermedades. Como ya adelantábamos, el consumo de ultraprocesados está ligado al aumento de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y, por supuesto, caries. Y el manejo de estas condiciones representa un fuerte gasto económico en cuidados, atención y tratamientos, afectando tanto a las familias como al sector sanitario. Sin duda, la prevención de la enfermedad es más barata que atenderla.
El consumo de alimentos ultraprocesados es un problema multifacético que puede traducirse un desplazamiento cultural alimentario, un aumento en el gasto familiar que contribuye a la pobreza en poblaciones vulnerables y un incremento en los problemas de salud que exigen altos costos de atención. Revertir esta epidemia es una necesidad urgente.