Lectura 6:00 min
Redefinir el management desde la empatía
La maestría en Liderazgo Positivo de Tecmilenio cumple 10 años demostrando científicamente la correlación entre el bienestar y la rentabilidad organizacional.

La Maestría en Liderazgo Positivo de la Universidad Tecmilenio conmemora su primera década de existencia
En el ecosistema social y empresarial actual, el expertise técnico ya no es suficiente para asegurar el éxito de una organización o el desarrollo de una comunidad. Conceptos como la convivencia generacional, el desgaste laboral (burnout), el impacto socioemocional pospandemia y la urgencia de reconfigurar los espacios comunes en entornos atractivos y saludables han transformado las reglas del juego.
Ante este panorama, la Maestría en Liderazgo Positivo de la Universidad Tecmilenio conmemora su primera década de existencia, consolidándose como un programa académico pionero que demuestra con evidencia científica que el bienestar de las personas es el motor más sostenible de la productividad y la transformación social.
De la anécdota a la ciencia
Nacida formalmente en 2012 bajo la visión de Tecmilenio de formar personas con un propósito de vida y materializada en este posgrado hace diez años, la maestría rompió con los esquemas tradicionales de la administración.
La Dra. Rosalinda Ballesteros, actualmente directora del Instituto de Ciencias del Bienestar y de la Felicidad de la Universidad Tecmilenio y doctora en Estudios Humanísticos por el Tecnológico de Monterrey, explica que el programa surgió al detectar señales que la pandemia de Covid-19 terminó por acelerar: la necesidad crítica de cuidar la salud mental en los entornos colectivos.
"La mayoría de lo que encontrábamos en temas de liderazgo y management eran historias anecdóticas de directores generales que escribían cómo guiaban un cambio basándose en su intuición. No era un estudio académico", señala Ballesteros.
"Lo que hace la disciplina del liderazgo positivo —nutrida por la psicología positiva que fundaron hace 25 años académicos como Martin Seligman, Bárbara Fredrickson y equipos de las universidades de Pensilvania y Michigan— es buscar de manera científica las variables que funcionan para todas las personas en temas de motivación, logro de resultados y productividad, poniendo el bienestar al centro".
Dijo que al inicio, el programa enfrentó el escepticismo de quienes dudaban de su viabilidad en América Latina, argumentando que culturalmente se requerían liderazgos más duros o micromanagement. Sin embargo, a través de herramientas de investigación desarrolladas en México —como el estudio anual Factor Well-being, que evalúa a cerca de 25,000 trabajadores— Tecmilenio demostró que los enfoques basados en el miedo funcionan a corto plazo, pero generan costos altísimos por rotación. En contraste, el enfoque positivo incrementa el "esfuerzo discrecional".
Hoy en día, el programa tiene un diseño práctico, dirigido a líderes con al menos cinco años de experiencia, profesionales de gestión de talento y consultores. Además, de cara a la automatización y la irrupción de la inteligencia artificial (IA), la maestría ya incorpora módulos de bienestar digital.
"En México, siendo uno de los países de la OCDE con más horas trabajadas pero baja productividad, la IA y el liderazgo humano deben aliarse. La tecnología nos puede ayudar a medir el clima organizacional en tiempo real y a optimizar procesos para avanzar hacia la reducción de la jornada laboral sin sacrificar la productividad, permitiendo que las personas florezcan", añade la directora.

El programa tiene un diseño práctico, dirigido a líderes con al menos cinco años de experiencia, profesionales de gestión de talento y consultores.
Herramienta de dignidad y reinserción social
La verdadera efectividad de esta metodología se valida en el campo, transformando realidades complejas fuera de los corporativos tradicionales. Un ejemplo de ello es la historia de Rocío Suárez, abogada especialista en materia penal y criminología, y alumna de la maestría, quien decidió canalizar las herramientas del liderazgo positivo hacia uno de los entornos más hostiles y olvidados de la sociedad: los centros penitenciarios femeniles.
A través de la asociación Plan B, el proyecto en el que participa Rocío ha logrado llevar educación a 44 cárceles femeniles en 22 estados de la República Mexicana. Utilizando plataformas virtuales como Zoom y la donación de tecnología, imparte talleres de desarrollo humano de entre tres y cuatro meses de duración a mujeres privadas de su libertad.
"Los reclusorios, en teoría, son centros de reinserción social, pero muchas veces terminan siendo espacios de aprendizaje negativo. Cuando comencé con la maestría, vi la oportunidad de unir mi profesión con la psicología positiva para ver a las personas desde otro enfoque: el de la dignidad", relata Rocío Suárez.
Para mujeres que provienen de contextos marcados por el abandono, la violencia estructural y la descalificación constante, el taller se convierte en un oasis de escucha activa. Suárez implementa dinámicas fundamentales de la maestría, como el autoperdón, el despertar de la resiliencia, la gratitud en la adversidad y la gestión emocional.
"Al crear espacios sanos y de confianza, donde se sienten tratadas con dignidad, comienzan a creer en sí mismas y a relacionarse de forma distinta con sus compañeras y sus familias", explica la estudiante.
La escala masiva en la educación pública
Si el caso de Rocío Suárez demuestra la profundidad del liderazgo positivo en entornos de vulnerabilidad extrema, la experiencia de Alejandro Colín, también alumno de la maestría, evidencia cómo esta metodología puede traducirse en políticas públicas de impacto masivo. Colín lidera la implementación del Ecosistema del Bienestar en la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (DGETI), el subsistema de educación media superior más grande de América Latina, que cuenta con 474 planteles y forma a 650,000 estudiantes.
En un contexto nacional donde se impulsa la apertura de 18 nuevos planteles enfocados en carreras tecnológicas de vanguardia —como robótica, semiconductores, inteligencia artificial y ciberseguridad— Colín se planteó una pregunta fundamental aprendida en las aulas de Tecmilenio: ¿Qué va a pasar con todo este desarrollo tecnológico si no formamos jóvenes con valores, principios, metas y un propósito de vida claro?
Inspirado en el modelo científico del bienestar de Martin Seligman (el método PERMA) y conceptos como el flow (estado de flujo), Colín y su equipo diseñaron estrategias donde los planteles se convierten en "esperanzas de vida". A través de programas transversales, encuentros nacionales de arte, cultura y deporte, y concursos de prototipos científicos orientados a resolver problemas del entorno, el subsistema busca formar jóvenes integrales y fundamentalmente felices.

La verdadera efectividad de esta metodología se valida en el campo, transformando realidades complejas fuera de los corporativos tradicionales.
La estrategia avanza de manera escalonada. Tras iniciar una primera fase piloto en los 18 planteles nuevos, la DGETI prepara una segunda etapa para capacitar intensivamente a personal de 100 planteles adicionales. Además se dará el lanzamiento de la Escuela para Padres enfocada en el Ecosistema del Bienestar. "Estábamos transformando a los docentes, directivos y estudiantes, pero nos faltaba la pieza de la familia. Con esto, no solo impactaremos a 650,000 alumnos, sino a 650,000 familias mexicanas", revela entusiasmado.
"Para mí, la maestría no fue solo añadir conocimiento; fue un regalo de vida que transformó mi propia identidad y vocación como educador. Si las autoridades, los maestros y los padres trabajamos en equipo, permitiremos que nuestros jóvenes escriban su propia historia de éxito, que es, al final, la historia del México que ya estamos construyendo", concluye Colín.

