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La cultura de la dignidad

Opinión
Aunque era yo una chamaquilla, recuerdo muchas cosas del 86, sobre todo de lo que decían los adultos que pasaba. En síntesis, en el arbitraje nos pelusearon mucho y ante la necesidad del temple para los penales, se falló.
Se ha hablado mucho en los últimos días de ese sentimiento de dignidad que se ha manifestado en estas semanas. Les juro que soy cero futbolera, pero ha sido imposible no conmoverse con la esperanza de la gente y con el conjunto de jóvenes que se partieron el alma en la cancha sin fallar en el temple y haciendo temblar a los rudotes.
Por eso el ánimo no es de decepción ni de enojo. Tristeza, seguro. Pues claro que queríamos más y nos encariñamos con la posibilidad. Pero sospecho que también hemos pasado un proceso de enamoramiento de lo mexicano, a través de la vivencia colectiva de la emoción y a través de escuchar y ver cómo nos mira el mundo. Y no es que no lo supiéramos, pero así es el amor, a veces necesitamos que el sujeto de nuestro amor nos diga todo lo que somos para reconfigurarlo en nuestra auto percepción. Y como el sujeto de nuestro amor, es el mundo entero, porque el ser personas amorosas, amables y ayudadoras es parte de nuestra cultura, pues claro que nos viene bien que de vuelta nos digan que estamos increíbles, sobre todo después de tanta cosa tan mentirosa que se ha dicho de nuestro hermoso país.
Este pueblo está bien hecho. Las culturas que nos forman están enraizadas en maneras muy valiosas de mirar el mundo. Las culturas que nos han dado identidad tienen sabidurías importantes para la buena vida, pero sobre todo para la preservación del mundo.
Yo pertenezco a una generación que creció escuchando cosas como: nada se puede en este pinche país, el mexicano es huevón, es pendejo, es tranza, etc, etc. Ya me entienden, estas frases las hemos escuchado un montón. No sé ustedes, pero yo sentía una espina clavada en el corazón cada que escuchaba “este pinche país”. Y no, no me checaba con la experiencia. Y sentí una espina clavada en el corazón cada vez que veía como nos peluseaban desde otros países, sobre todo el norte global. Cada que me tocó trabajar en esos países regresaba con la misma sensación: lo que hacemos acá no le pide nada a lo de allá. Son ideas pre concebidas de cómo debe ser la alta cultura, el arte verdadero. Pero esas ideas preconcebidas están cargadas y atravesadas por el racismo y la discriminación, por considerar que unas culturas son mejores que otras.
Y sí, estamos viviendo un cambio cultural muy importante que atraviesa profundamente la construcción o la revitalización de la dignidad nacional. Se siente bien. ¿Qué significará crecer con eso en el corazón? Creo que lo vamos a empezar a ver muy pronto en las siguientes generaciones.
Estoy aún en la cruda del momento estaminoso y adrenalinoso del amor colectivo, ya lo sé. Probablemente soy poco objetiva, pero el amor es un buen estado y amo mucho este bendito país y a esta bendita ciudad.
Hemos visto muchos videos en las redes sociales en donde, haciendo homenaje al ingenio y a las soluciones divertidas, propias de nuestra cultura, decimos: no dominamos el mundo porque no queremos. A lo mejor valdría la pena decir: no dominamos el mundo porque no tiene sentido dominar el mundo y eso es parte fundamental de lo que somos, sabemos que la felicidad no está ahí.
