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Vivos somos y en muertos nos convertiremos
Notas, juegos y circunloquios para difuntos y Día de Muertos.

Más duro asumirla que padecerla. Y aunque dicen que ni el sol ni la muerte pueden mirarse fijamente, en nuestra historia y el devenir de la patria, la Parca tiene permiso.
Desde los más salvajes hasta los más civilizados, decía el escritor decimonónico Tomás de Cuéllar, todos los pueblos han dividido sus ceremonias públicas en dos categorías: los regocijos y las pompas fúnebres. Así ha sido desde la más remota antigüedad, afirma, porque se trata de las dos fases de la vida humana: se goza y se padece. Alternativamente, se ríe y se llora; se nace y se muere. Y por esos caminos nos dividimos en muertos y dolientes. Parece que habitáramos dos ciudades: las silenciosas que se llaman cementerios, domicilio de los muertos, y las del ruido, donde palabras, lágrimas y risas indican que es el lugar de los vivos.
Muy cierto que apenas hay horas más negras en nuestra vida que cuando se llora a un ser querido y apenas una idea más pavorosa que la de nuestro fin irremediable. Ante el gran misterio de la muerte se anonada la razón. Pero nosotros no somos así. Lo nuestro es la fiesta. Estaba reservado a México el convertir la pompa fúnebre en regocijo.
De huesos, pluma y mortaja estaban compuestas las primeras fiestas para celebrar a los muertos. Y luego el Día de Muertos de la época prehispánica acabó juntándose con la larga tradición de fe de la Iglesia católica. Fue así como entre copal, sahumerios, calaveras, cruces y calabazas -siempre en tacha- era correcto tanto orar por aquellos que una vez finalizada su vida terrena todavía estaban en el Purgatorio o echar mano de otros ritos y costumbres. Por ejemplo, esperar a nuestros muertos con comida deliciosa, bebida favorita, vicio particular, gusto permanente y su perpetua obsesión. La demostración de que la muerte no nos roba a los seres amados sino al revés: nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. ( Llorar al muerto, enterrar el hueso, comprar la fruta, disponer de la ofrenda, pasear la plaza, son parte de los muchos placeres y muchas seducciones para un día de lágrimas , escribió Guillermo Prieto en una de sus crónicas.)
La muerte siempre es temprana y no perdona a ninguno
Y poco se puede decidir si de la muerte se trata. Sin embargo, se puede elegir a veces hasta la última morada. El mismo Código de Derecho Canónico lo afirma: A no ser que el derecho se lo prohíba, todos pueden elegir el cementerio en el que han de ser sepultados.
Antes, sobre los camposantos había un halo romántico. Altamirano, que era de verdad un literato del romanticismo mexicano, cuenta un paseo en Día de Muertos después de haber regresado de una comisión. Escribe: Me dirigí a visitar los panteones. ¿Habrán cambiado algo las piadosas costumbres de los mexicanos en este día? ¿Serán otra cosa de lo que eran antes de la Reforma?. Ya se sabe que en México hay ahora nuevos cementerios y de diversa forma que la usada en otro tiempo. El cementerio francés, el de La Piedad en el mismo rumbo, el de Dolores en las colinas de Tacubaya, los dos de Guadalupe, el de San Fernando, cerrado ya para los nuevos pobladores, el del Campo Florido, al sur de la ciudad y el de los Ángeles, al noroeste. Allí están sepultados los muertos que deben llorar todos los mexicanos .
hoy en día, en la ciudad de México hay registrados 119 cementerios. Más de la mitad de ellos saturados y, según la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, con apenas 7l,000 tumbas disponibles. Aunque se maneja que 30,000 personas fallecen cada año en la capital. Recientemente, se impulsa una iniciativa para que se reduzca el tiempo que un cuerpo pueda permanecer en una tumba y se alienta a las personas a que cremen los cadáveres de sus seres cercanos. Sin embargo, hay quienes afirman que la medida amenazará las ricas tradiciones sobre los entierros, la celebración del Día de Muertos y el derecho de muchos de residir confundidos con la tierra antes que convertirse en polvo de ceniza.
El recuento sobre los cementerios que hace Altamirano también es hoy casi exacto. Podemos hablar del Panteón Francés, el de la Piedad, el Jardín, el Inglés y hasta el Museo Panteón de San Fernando. Pero en estas fechas de Muertos el honor será para el Panteón de Dolores. Y no sólo por su enorme extensión sino por su realidad gloriosa y su legítima leyenda. Por los héroes, las tumbas, los fantasmas y los muertos que viven y reviven entre sus muros.
La Parca anda en la rotonda.
De las personas ilustres.
Reviviendo a nuestros muertos.
Escarbando sin temor.
El que quiera que se asuste,.
Pero que escuche la historia,.
de los sepulcros de honor,.
donde fantasmas y héroes se resisten al olvido.
Y a que entierren para siempre los restos de su memoria.
Difícil, en la actualidad, ser enterrado en las tierras de éste camposanto. Porque aunque la tentación de departir aunque sea en el subsuelo, con Mariano Azuela, Francisco González Bocanegra, Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, Dolores del Río y Octavio Paz, sea grande, mejor será dejar aspiraciones vanas, preparar el atracón para Día de Muertos y dejar de padecer hambre de gloria.
La Rotonda de las Personas Ilustres tiene, sin dudarlo, mayor encanto, ya que este enorme y venerado mausoleo tiene características especiales: más hombres insignes (103) que mujeres (6); adalides de la patria no todos nacidos en México, de diversas profesiones y talentos pero de fama desigual. Muchos de ellos son poco conocidos, otros nada reconocidos. Para educación y esparcimiento y a manera de adivinanza, tres personajes:
1)Sus restos fueron los primeros en ingresar a Rotonda. Fue un destacado militar que participó en la revolución de Ayutla contra Santa Anna, defendió al país durante la primera intervención estadounidense, la invasión francesa y estuvo del lado de la República durante la Guerra de Reforma. Participó en el sitio de Puebla y el sitio de Querétaro en contra de Maximiliano y su Segundo Imperio. Nació en Zacatecas en 1832 y murió el 19 de marzo 1876 en San Andrés, Puebla, después de haber recibido un balazo en el pecho. Solamente dos días después, el 21 de marzo, fue inhumado con los honores de un héroe. En vida se llamó Pedro Letechipía.
2) Nacido en Chilpancingo en 1790, fue un valeroso coronel, insurgente casi anónimo cuyo valor fue reconocido tardíamente. Participó en el inicio de la Independencia al mando del general Morelos, después en el Plan de Ayutla y luego en la expedición a Texas de 1836. Su intervención en la Batalla de Monterrey hizo que le llamaran el héroe de Fortín del Diablo . Luchó con un reducido contingente de 80 hombres contra más de 600 texanos defendiendo a la ciudad de Laredo. Murió olvidado y pobre, víctima de gangrena, en la ciudad de México en 1878. Sin embargo, el reconocimiento nacional llegó el mismo año: sus restos fueron inhumados con honores, en la Rotonda de los Hombres Ilustres 7 de abril de 1878. En vida se llamó Calixto Bravo Villaso.
3) Nació en Zaragoza, España, en 1897, pero decía haber nacido en Ramos Arizpe, Coahuila. Era piloto aviador. Ingresó a la Fuerza Aérea Mexicana en plena Revolución y aunque le gustaba realizar suertes de acrobacia en el aire, tanto que recibió el apodo de El Loco Sidar, la vida lo convirtió en un veterano de las campañas contra fuerzas insurrectas. Combatió a Adolfo de la Huerta, participó en el levantamiento de los Indios Yaqui y en la Guerra Cristera. Uno de sus deseos era unir Latinoamérica con un gran vuelo de buena voluntad, pues creía que tal hazaña acercaría los corazones de los pueblos hermanos. Su sueño habría de matarlo. En un viaje planeado para 40 horas de vuelo sin escalas, que habría de culminar en Buenos Aires fue sorprendido en Costa Rica una severa tormenta que destruyó su avión y le quitó la vida. Era el 11 de marzo de 1930. Sus restos fueron repatriados y su cuerpo, inhumado, con honores en la Rotonda el 24 de mayo del mismo año. En vida le llamaron Pablo Sidar.
Muchos más tienen en la Rotonda su sepulcro de honor: Pedro Ogazón, Carlos Pacheco, María Lavalle Urbina, Basilio Pérez Gallardo, Manuel Azpiroz y Jorge Cevallos Cepeda, entre otros. Todos una gloria para nuestro país y durmiendo el sueño eterno. Aunque no sepa nada de ellos, no se permita confundir, por desidia e ignorancia a personas ilustres con ilustres desconocidos.