Bitácora, la exposición individual de Cannon Bernáldez, es un trabajo donde la artista plasma la fragilidad infantil y la violencia que se ejerce desde diversos frentes, a través de múltiples técnicas fotográficas que se han usado a lo largo de la historia de la foto en México y con la ayuda de la narrativa y algunos objetos personales, en muchos casos relacionados con la fotografía.

Hace como cinco años comencé este proyecto. Desde un principio la base ha sido la crítica social hacia la violencia infantil. Siempre he trabajado con temas de violencia, abandono y desolación. Me quería enfocar en los niños a partir de crear historias, primero con mis dos sobrinas. Y a partir de eso, involucrar objetos, técnicas antiguas, fotobordados e intervenir fotos antiguas , nos dice la fotógrafa.

La exposición cuenta con cuatro ejes temáticos: lo siniestro, la apropiación, la escenificación y las técnicas. La exposición está integrada por cuatro fotos digitales, un políptico que contiene 57 fotos con distintas técnicas, tres esculturas de yeso y objetos intervenidos.

Parte de la narrativa que Cannon utilizó se basó en los retratos mortuorios que se le hacían a los niños, principalmente en los pueblos alrededor del siglo XIX, donde parece que están dormidos. Recupero la escenografía, poses e indumentaria de la época para hacer retrato mortuorio moderno donde hay niños dormidos que parecen muertos. Y es jugar con esta serie de información que estaba guardada en los archivos, y rescaté las técnicas y acabados para tener una propuesta moderna pero con crítica social .

En aquella época la tecnología no estaba tan avanzada, no se tenía acceso a la imagen como ahora. Y si en vida no se le había hecho retrato infantil, cuando fallecía era: vete corriendo por el fotógrafo, aunque parezca dormido .

Conforme avanzaba en su proceso creativo, trabajar con sus sobrinas y con hijos de sus amigos fue resultando un poco complicado: a nadie le gusta que le tomen a una foto a su hijo que simula su muerte. Así que comenzó a poner anuncios y pagar por las sesiones. Y entonces, a su trabajo se sumó una crítica a la labor fotográfica:

Conozco casos de fotógrafos documentales que pagan para que la gente se deje fotografiar, y quería evidenciar eso y hablarlo desde mi posición y cuestionar la violencia que ejerce uno como fotógrafo. A mí se me enseñó que, como documentalista, no se debía pagar y que había que hacer una crítica social y ayudar al otro. Esta vez yo dije ‘no voy a ayudar a nadie, me interesa romper esto y cuestionarme como fotógrafa’.

Cuando pagas, sometes y nadie habla de eso. Y eso es violencia. Y cambié el punto de vista, ahora la ejerzo yo. Y eso me interesaba mucho... era una cuestión de poder. Cuando haces proyectos de esta naturaleza, debes entenderte como autor. Y ahí salen tus sentimientos más ruines... Y me empecé a sentir poderosa (ríe), nada más un ratito. Pero lo sentí , nos platica Cannon.

Otra situación que encontró la artista durante su proceso fue la actitud de los padres con respecto a sus hijos: les incomodaba la idea de que sus niños se fotografiaran pareciendo que estaban muertos, pero el beneficio económico los hacía continuar, aun cuando algo se atoraba en el proceso.

Cannon nos comenta que al final de cuentas su trabajo expuesto es muy contemplativo. Y nos muestra diversos tipos de violencia: Da ternura y parece lindo pero es siniestro y da miedo. No es violencia de la nota roja. Cuando hablas de violencia piensas en tráfico de órganos y explotación infantil. En las historias con mis sobrinas, también encontramos estos juegos de poder .

Bitácora fue curada por Inés Maldonado y Gabrielle Vinós, y se exhibe en el Foro 38 de la Universidad del Claustro de Sor Juana (San Jerónimo 24, Centro Histórico).

@faustoponce