La Bienal de Venecia, la bellísima cita bianual del arte, se celebra este año con una con luto y desconcierto: ¿dónde está Ai Weiwei?

Ai Weiwei, el artista y activista chino amado por el mundillo del arte que desapareció (lo desaparecieron) hace dos meses, cuando las autoridades chinas clausuraron su estudio en Pekín. Weiwei ha sido una de las más importantes voces disidentes del régimen chino.

Así pues la gran ciudad del arte hoy situada en Venecia reclama a uno de sus más queridos habitantes. El desconcierto es tal que pareciera que su desaparición es una obra de arte más de ese artista sorprendente que alguna vez llenara el suelo de la Tate Gallery de Londres de microesculturas destinadas a ser trituradas con los pies.

"Free Ai Weiwei" es el grito de fondo de esta edición de la Bienal de Venecia. Libérenlo, o al menos entréguennos el cuerpo. Así de lúgubre es el llamado a las autoridades chinas.

Sin embargo, la luz es el tema central de esta edición de la Bienal. Illuminations se llama el pabellón central, ocupado por la bora de 83 artistas de todo el mundo, entre ellos dos mexicanos: Mariana Castillo Deball y Gabriel Kuri.

La exposición principal de Venecia es Illuminations, curada por la historiadora y editora Bice Curiger que, según su texto curatorial, buscó sobre todo iluminar al mundo sobre "los nuevos artistas, los nuevos temas, los nuevos enfoques".

Hablando de México, el pabellón que representa a nuestro país fue diseñado por la inglesa (pero mexicana por adopción) Melanie Smith y curado por José Luis Barrios Lara. Con el enigmático título Cuadrado rojo, imposible rosa, la exposición va, como casi toda la obra de Smith, sobre la familiaridad con la que arropamos al caos en la vida cotidiana. El cartel de Cuadrado rojo, imposible rosa lo explica: un auto compacto lleva amarrado sobre su techo un paquete del doble de su tamaño.

Dice Bice Curiger que el arte ilumina, nos enseña a ver la realidad de modos inesperados. El arte es una epifanía que comunica nuestro intelecto con nuestras emociones, dice la curadora de Illuminations.

No sólo eso, también nos comunica con otros seres humanos de maneras tan íntimas como si estuviéramos respirando el mismo aire. Ese es el poder curativo y liberador del arte.

Así que a pesar de la triste e indignante desaparición de Ai Weiwei, la Bienal apuesta a la esperanza.