Isabel II, que sobrevivió a por lo menos cuatro diseñadores en 60 años de reinado, impuso un estilo inimitable, con colores vivos y sombreros a juego, sin olvidar su sempiterno bolso de mano.

"Tiene su propio estilo que le va muy bien", estimó el joven diseñador francés Alexandre Vauthier, que se formó durante 10 años con Jean Paul Gaultier. "Es realmente su ADN". "Es la única persona en el mundo que se viste así" y hace que sea "instantáneamente reconocible".

El código vestimentario real obedece a reglas pragmáticas: hay que poder ver a la reina de lejos, incluso en medio de una catedral o de un estadio abarrotado, lo que impone colores claros o vivos, y su ropa no debe molestarla.

Así, sus dobladillos llevan pesos de cortina para que la ropa no vuele durante las borrascas en las islas británicas, las prendas no son nunca transparentes, ni demasiado estrechas ni demasiado cortas.

El diseñador de su majestad tiene que ser británico. El primero, Norman Hartnell, creó su traje de novia (1947) y el de su coronación (1953). Firmó luego numerosos vestidos de noche, románticos en los años 50, con amplias faldas de seda o de satén, más ajustados en los años 60.

"Tengo que decir que hacer vestidos para la reina no es una tarea fácil", observó Hardy Amies, diseñador oficial de la soberana durante casi medio siglo, en una excepcional entrevista. "No porque su majestad carezca de espíritu de cooperación o de profesionalismo, de ninguna manera", agregó de inmediato.

"Había entendido, como otros diseñadores que trabajan para Su Majestad, que el guardarropa puede ser por sí solo una declaración política", señaló la revista Country Life en un número especial dedicado al Jubileo de Diamante.

Color, largo de mangas, símbolos: todo es detenidamente estudiado antes de poner rumbo a otro país. Durante su histórica visita de reconciliación a Irlanda en 2011, la reina se vistió de verde esmeralda, el color de la república.

Las flores --el trébol irlandés, la hoja de arce canadiense, el loto indio-- se retoman en bordados o broches durante los viajes oficiales en homenaje a sus anfitriones. El vestido que lució en la recepción en el castillo de Dublín llevaba por lo menos 2,000 tréboles bordados, una señal tan fuerte como las primeras palabras de su discurso, en gaélico.

La imagen de anciana amable que tiene la reina, de 86 años, no debe hacer olvidar que antaño fue una bella mujer.

"Isabel en su juventud era divertida y dinámica, entusiasta y espontánea", recuerda la historiadora Kate Williams. En una foto de 1954, el año después de su coronación, se la puede ver muy sexy enfundada en un ajustado vestido de encaje blanco de Hardy Amies. En 1969, se reunió con el presidente norteamericano Richard Nixon con un elegante modelo de color fuxia.

Reina Isabel II

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Con el paso de los años, la reina se ha convertido en la soberana "muy digna, atada a sus deberes" que conocemos hoy, agrega la historiadora. Un cambio que se refleja en el carácter "tradicional, o incluso uniforme" de su armario, según Alexandre Vauthier.

"Impecable" es la palabra que utilizó recientemente su nieto Enrique para describir las numerosas apariciones públicas de la reina.

Una mujer, Angela Kelly, es hoy la encargada de hacer que Isabel II luzca siempre impecable. Esta inglesa de Liverpool de origen modesto entró en el equipo de vestidoras de la reina en 1993 y se convirtió en su diseñadora personal en 2002.

Es la autora del vestido amarillo con abrigo de verano a juego que lució la reina en la boda de Guillermo y Catalina el año pasado.

Sobre todo, que "no cambie nada", insistió Alexandre Vauthier, para quien este "look" particular de la reina "inspira respeto".

RDS