Rodrigo Moya se alejó de la vida pública por cerca de tres décadas y también se alejó del oficio. Tanto así que se reconoce a sí mismo como exfotógrafo, experiodista, exeditor, eximpresor y exjoven; en cambio, se afirma como poeta, cuentista y comunista. Si hay algo que no podrá negar, por más que lo intente, es que fue y es un personaje peculiar, al mismo tiempo que uno de los fotógrafos más notables del siglo XX en México.

Ha sido un hombre creativo con facilidad para soltar las amarras, explorar otros campos y ser fecundo en todos ellos, incluso en el arte de la ausencia.

De ese Rodrigo Moya tan diverso al que se puede celebrar, el Palacio de Bellas Artes aborda su faceta como fotógrafo con la exposición Rodrigo Moya. México/Escenas, que este viernes abrió para el público y está integrada por 112 imágenes que son testimonio del ojo privilegiado de un joven fotorreportero que capturó la Ciudad de México y sus personajes entre 1955 y 1968, con unos pininos fotográficos dignos de un maestro.

La exposición es organizada por el Museo Amparo en colaboración con Bellas Artes y el Centro de la Imagen, y es producto de un trabajo de rescate por parte de la doctora Laura González-Flores, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

La ciudad capturada

La muestra se divide en dos apartados. El primero es Ciudad/Persona, esta ciudad, su telón arquitectónico y su gente en su brutal realidad. La segunda, Ciudad/Cultura, un compendio de personajes de las artes, el espectáculo y la vida underground que Moya retrató a su manera, pero también sus trabajos para teatro, cine y algunos fotorreportajes emblemáticos.

Ambas series son un complemento que le dicen al visitante más joven que la ciudad no se inventó recién, sino que se ha venido reinventando, hibridando y se había querido guardar uno que otro secreto que Moya le arrebató con su cámara fotográfica.

Ahí está parte de la serie de imágenes que el fotorreportero tomó instantes después de sofocado el incendio en la Catedral Metropolitana, el 17 de febrero de 1967. También se aprecia el momento en que dos mujeres caminaban por la interjección entre Avenida Juárez y Paseo de la Reforma, en 1958, cuando la escultura ecuestre de Carlos IV se encontraba ahí mismo, envueltas en una polvareda que lo contaminaba todo a la vista.

O esa serie de retratos que Moya tomó a intelectuales de la talla de Manuel Álvarez Bravo, Juan O’Gorman, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o Carlos Monsiváis. Y esa serie fotográfica que le hizo a un viejo pistolero muy al estilo James Dean.

La muestra permanecerá en las salas Paul Westheim y Justin Fernández, del máximo recinto para las artes, hasta el 25 de agosto. De manera complementaria, el Centro de la Imagen presenta la exposición Rodrigo Moya, México/Periferias, con más piezas fotográficas del hombre polifacético en cuestión.

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