El tedio nos acechaba. Pero sabíamos que el tedio se cura con la más perfecta droga: la curiosidad. A ella nos entregábamos en cuerpo y alma. Y como la curiosidad es madre de todos los descubrimientos, de todas las aventuras y de todas las artes, descubrimos el mundo, caímos en la aventura peligrosa imprevista y, además, escribíamos. La vida era para nosotros... un poco literatura. Pero también la literatura era, para nosotros, la vida .

Así escribe Xavier Villaurrutia en su ensayo Seis personajes , describiéndose a sí mismo y a Salvador Novo. Y como visión de aquella primera unión casi adolescente, donde ambos se encontraron en las letras, la desilusión y el amor perdido, hay pocas escrituras como ésta, ninguna que hable del impulso que alentaba a estos jóvenes poetas y casi ninguna tan entrañable de su compañero de letras y batallas.

Salvador Novo un secreto a voces , como lo calificó Carlos Monsiváis nació en la Ciudad de México en 1904 y murió en enero de 1974. Cultivó prácticamente todos los géneros de la literatura. Fue poeta, pero también dramaturgo, cronista y periodista y, desde muy joven, miembro del grupo llamado los Contemporáneos, al lado del mismo Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer y José Gorostiza. Por ello, fuera de cualquier consideración, es claro que tenía proyecto, ideología y un pensamiento muy claro sobre el arte, la historia, la cultura y los alcances de la difusión. Dice el prólogo de Obras Completas: Parece que Novo simplemente levanta el libro de la mesa o la escena de la calle para conocerlos mezclándose con ellos . Sería por ello que sus artículos publicados en El Universal Ilustrado de 1924 fueron de rango muy amplio y contenido variopinto: la reseña de un encuentro de box, la historia de los baños públicos, un ensayo conmemorativo sobre Joseph Conrad, el reporte de una ojeada a las revistas estadounidenses de gran moda y un análisis serio y exhaustivo de Fernández de Lizardi y amante e investigador de la ciudad de los palacios (y de los cabarets, los restaurantes y las plazas públicas y privadas).

Novo fue extenso y prolífico: hizo poesía estremecedora y fuerte, pero también versos satíricos y a veces dolorosos. Fue director de teatro y dramaturgo; participó en la fundación del Teatro Orientación y el Ulises. Escribió la memoria política y cultural de nuestro país sexenio por sexenio (en sus volúmenes de La vida en México en el periodo presidencial de... que corren desde los tiempos de Ávila Camacho hasta los de Luis Echeverría ) y además es autor de libros memorables como Breve historia de Coyoacán, Nueva grandeza mexicana, Historia gastronómica de la Ciudad de México, Nuevo amor, y muchos otros de poesía, crónicas, ensayos y viajes.

Famoso por haber sido el narrador más tenaz de los vicios y virtudes de la Ciudad de México, cuentan que el simple periodismo de sociales salido de su pluma se convirtió en historia de impecable prosa y que su filoso sentido del humor puso en jaque a artistas y políticos. El caso es que por su infinito conocimiento de lugares y personajes, el presidente Díaz Ordaz lo nombró cronista de la Ciudad de México en 1965. Y poco después comenzaron sus apariciones en televisión. Novo fue un personaje que gustaba de la atención mediática, la moda y la cocina y no vacilaba en mostrar sus tendencias amorosas, en aquel momento consideradas equívocas. Fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1967 y también miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Todo era mejor cuando se expresaba por escrito, porque manejaba la razón y el sentimiento y demostraba, una y otra vez, los increíbles dones de su genio, su poder de observación y el enorme registro de sus intereses. Como ejemplos vayan dos a continuación, que de paso nos demuestran que así haya pasado cualquier cantidad de años, los textos de Novo no tienen fecha de caducidad.

En la entrada del 15 de enero de 1969, de La vida en México en el periodo presidencial de Gustavo Díaz Ordaz, Salvador Novo escribe:

Antes de nuevamente ausentarse este Carlos Chávez que se ha vuelto tan trashumante o tan trotamundos, produjo unas enfadadas declaraciones que reprochaban la proliferación de agencias artísticas aquí donde por ley cuidadosamente estudiada en vísperas de asumir el poder el licenciado Miguel Alemán, se creó un Instituto Nacional de Bellas Artes encargado y responsable de todas ellas. Son muchos, en efecto los organismos ajenos al INBA que hacen arte o que la difunden. Desde luego la Universidad Nacional Autónoma. Su Dirección de Difusión Cultural dispone de una estación de radio, publica una revista, da conciertos y cineclub; suele usar el magnífico teatro en la Escuela de Arquitectura y el Auditorio de Medicina. Y fuera de su recinto sagrado ofrece exposiciones en la Casa del Lago de Chapultepec, en la galería Aristos de Insurgentes y dispone de dos teatros: el ex Caracol en la avenida Chapultepec y el Centro Universitario de Teatro en la Calle Sullivan, donde antes fue el alegre cabaret Eco y hoy hay un foro isabelino (...) Todo ello, a juicio de Carlos Chávez debería centralizarlo y ejercerlo el Instituto Nacional de Bellas Artes. Tanto la preocupación del maestro Chávez por lo que esté haciendo o haya abdicado del INBA, cuanto la transferencia de las actividades artísticas a otros organismos parece indicar que el complejo de las ?bellas artes se adquiere de manera incurable en el instituto.

Muchos años antes, en la entrada correspondiente al 16 de enero, pero de 1954, del libro La vida en México en el periodo presidencial de Adolfo Ruiz Cortines, un Salvador Novo muy lánguido de ánimo escribía un texto diametralmente opuesto al anterior:

Puede ser, claro está, que la enfermedad le provoque a uno este estado de ánimo melancólico, aunque bien podría también ocurrir que este estado de ánimo melancólico respondiera por la enfermedad. El caso es que, de todas maneras, que le cercan imágenes, pensamientos, recuerdos lúgubres, cuándo comienza un año tan avanzado en la edad del siglo y en la utopía que comienza. Porque como decía hace no mucho un psicoanalista, en la vida no se puede uno detener: o avanza, progresa, o retrocede y declina.

Por haber sido tan público a lo largo de su vida, Salvador Novo irritó y fascinó por su provocación, deslumbró por el talento, alarmó por su conducta y tranquilizó con su ingenio. Fue perturbador por su don para el escándalo y muy divertido al añadir escándalo al espectáculo de su personalidad única. Pero siempre llamó a las cosas por su nombre. No importaba si eran inconvenientes o prohibidas.