Cuando se hizo el anuncio de la creación de la Feria Internacional de la Música (FIM), Álvaro Abitia, su director académico, explicaba que la industria discográfica atravesaba por lo que definió como un tsunami tecnológico. Y es que el arribo de las nuevas tecnologías sacudió de pies a cabeza al mundo de la música. En ese marco, se buscó diseñar un espacio para la reflexión del estado actual de la industria y plantear algunos escenarios posibles.

Al final de la primera edición del encuentro musical, el primer objetivo se logró: se reflexionó, sin embargo no se avanzó mucho: que la industria de la música esté en crisis se sabía desde antes de la FIM, lo mismo que el hecho de que nadie sabe muy bien qué va a pasar.

En todo caso, la actividad sirvió para un encontronazo más entre quienes quieren defender a la industria como se le ha venido conociendo y los que buscan, desde Internet, abrir el acceso total y gratuito a los contenidos.

El problema

Nada más consultar el programa, saltaba a la vista El nuevo perfil de los derechos de autor . En la mesa estarían Mauricio Abaroa, José Luis Caballero, Roberto Cantoral y Enrique Fernández, todos con una trayectoria probada en la materia de la protección de la propiedad intelectual y el derecho de autor.

En términos generales, todos coincidieron en el tema de la crisis y en destacar la necesidad de proteger los derechos de los autores frente a las nuevas tecnologías.

Enrique Fernández planteó el problema de la siguiente manera: ¿Qué pasaría si en lugar de decir ‘ahorita que llegue a mi casa lo descargo’, dijéramos: ‘Ahorita que llegue a mi casa me lo robo?’ . Para él, en realidad el reto no es cobrar, sino educar a la gente para que la música recupere su valor .

En el mismo tenor fue la participación del abogado José Luis Caballero, quien habló de las distintas legislaciones y documentos que han tratado regularmente el intercambio de contenidos en la red. El problema, aseveró, es que nos enfrentamos a muchos jugadores, a diferentes jurisdicciones y a una falta de recursos tecnológicos para proteger las obras, en contraste con la cantidad de programas para saltarse los candados . Esto, completó, se ve agravado con lo que llamó la sensación de que todo lo que hay en Internet debe ser forzosamente gratuito .

Finalmente, Roberto Cantoral, director de la Sociedad de Autores y Compositores de México, opinó sobre la necesidad de que los creadores conozcan la ley porque, de no ser así, están condenados a morirse de hambre .

Además, añadió, es necesario cambiar la cultura de la legalidad en el país, así como el papel del Estado en la promoción y legislación de la cultura. Para abonar en el asunto de los contenidos en Internet, sentenció: El libre acceso no es sinónimo de gratuidad ni de legalidad. No estamos en contra de los derechos de los cibernautas, pero es necesario buscar fórmulas para que todos vean respetados su derechos .

Hasta ahí todo iba bien. Pero apareció en el horizonte la palabra mágica: ACTA (Acuerdo Comercial Anti-Falsificación por su sigla en inglés), el convenio multinacional que, precisamente, busca regular toda esta cuestión. Roberto Cantoral mencionó que el documento no afecta el libre acceso, sino que pone reglas básicas y mínimas . El público no estuvo de acuerdo.

Copiar un archivo no es robar , expuso Conrado Romo, para luego exponer sus razones y calificar a los ponentes como defensores de los intereses de un lobby de negocios . La reacción de José Luis Caballero dejó boquiabiertos a todos cuando calificó los argumentos del joven como una manifestación estúpida , para luego decir que hacer una descarga era despojar al autor del producto de su trabajo .

Roberto Cantoral añadió que las sociedades más avanzadas tienen una mayor protección con la ciencia, el arte y la tecnología .

Al final, la mesa terminó como empezó: por un lado los que defienden el pago por los contenidos y, por el otro, los que defienden su gratuidad. Todos quedaron igual, pero un poco más alterados.

... y, ¿la solución?

Casi como para darle continuidad al tema, vino la mesa Alternativas de negocio en el mundo de la música , en la que comparecieron el economista Ernesto Piedras y los productores Mauricio Abaroa y Tomás Cookman.

El primero en tomar la palabra fue Piedras, quien explicó: El ser humano nunca antes había podido apropiarse de tantos contenidos; sin embargo, es necesario disminuir la brecha digital porque estamos incubando una brecha cultural, educativa y musical .

En ese sentido, se declaró en contra de iniciativas como el ACTA, que buscan bajar el switch en lugar de subirlo todo y dejó una pregunta en el aire: El papel de los actores de la industria musical ya cambió, también el trabajo de los creadores. ¿El marco legal ya lo hizo? .

Siguiendo los postulados de la sesión previa en la que también formó parte, Mauricio Abaroa consideró que es necesario plantear una agenda y regular las cosas para honrar al creador. Y advirtió lo que casi todos ya sabían:

No hay quién diga con exactitud a dónde va el negocio, pero la industria no va a desaparecer . Amante de ver el vaso medio lleno, Tomás Cookman manifestó su optimismo por los tiempos que corren, ya que ahora es más fácil grabar y distribuir .

Luego, cuando se le preguntó si concebía un futuro donde la industria desapareciera, indicó: No es algo del futuro, ya ocurre. No hay una industria: hay muchas industrias. Es cierto que pagar una cantidad por un plastiquito era una medida severa, pero de eso a pagar cero también me parece exagerado. Hay que intentar nuevas alternativas .

Acto seguido, Ernesto Piedras afirmó que también es necesario replantear el reparto de las ganancias, ya que en México, y en la región en general, éste es muy desigual , para que luego Mauricio Abaroa pusiera de manifiesto la importancia de que los artistas desarrollen lo que llamó un sentido empresarial .

Finalmente, Piedras cerró con una sentencia que, dicha al principio de la charla, tal vez hubiera evitado que ésta tuviera lugar: No hay un modelo de negocios definitivo .