Los primeros días de este año, el presidente Enrique Peña Nieto anunciaba, al inaugurar el Centro Nacional de Tecnologías Aeronáuticas, la intensión de modernizar la normatividad en materia de ciencia y tecnología, a través de una iniciativa de reforma a la ley.

“Le di indicaciones al director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), junto con la Consejería Jurídica, para revisar el marco normativo de la Ley de Ciencia y Tecnología y que podamos modernizar y presentar una iniciativa al Congreso”, expresó el mandatario en aquel momento.

El pasado viernes 6 de abril, el presidente Enrique Peña Nieto envió al Senado de la República una iniciativa de reforma a la Ley de Ciencia y Tecnología, la propuesta denominada Visión de Largo plazo (20-30) pretende diseñar estrategias transexenales con siete objetivos principales: fortalecer el diseño institucional del sistema nacional de ciencia y tecnología, fortalecer al Conacyt y al Foro Consultivo Científico y Tecnológico, crear el consejo de asesores científicos y tecnológicos de la Presidencia, mejorar el diseño de los instrumentos de financiamiento a la ciencia, tecnología e innovación (CTI), ampliar la estrategia de Ciencia Abierta y fortalecer a los Centros Públicos de Investigación.

Sobre esta propuesta, el doctor Enrique Cabrero Mendoza, titular del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, profundizó en las características de esta iniciativa.

“Claramente, no es suficiente un periodo de seis años, si México, como lo ha expresado, quiere transitar a una sociedad basada en el conocimiento, implica una perspectiva a largo plazo”, aseguró.

Basta un ejemplo. Si se quieren especialistas en inteligencia artificial, hoy tendríamos que tomar esa decisión, identificar a un grupo de jóvenes talentosos e impulsarlos a que desarrollen estudios de posgrado en las mejores universidades. Hasta aquí sólo se habla de desarrollar talento humano, pero faltaría hablar de generar infraestructura, equipamiento, laboratorios, redes internacionales de apoyo, vinculación con el sector productivo, entre otros aspectos.

“Este ejemplo nos ayuda a pensar que es una decisión que se tiene que tomar hoy con implicaciones en los próximos 15 o 20 años. Así es como los países emergentes más exitosos han logrado este brinco, Corea del Sur, China, en su momento, o Finlandia”, explicó.

El doctor Cabrero agregó que esto no invalida la creación de los programas especiales de mediano plazo: “Éstos serán de cinco años, como hasta ahora, y eso le permitirá a cada administración en turno enfatizar aquellas partes de la actividad de CTI que consideren más urgentes para ese proyecto de gobierno en turno, pero todo ello en el marco de un alcance mucho mayor que tiene que ver con esta visión a largo plazo”.

Otros aspectos relevantes de esta posible reforma son el aumento de los actores que participan en el diseño de la política de CTI. “Si bien tiene una articulación a partir del gobierno, es cada vez menos centrada en éste y más en la interacción con el resto del sistema (de las) instituciones académicas, el sector educativo, empresarial y la misma sociedad. Ése es el paso de madurez de la política de CTI que desde las comunidades académicas venimos esperando”, dijo.

Con referencia al Conacyt, se destacó que se mantendría como un organismo descentralizado no sectorizado de la administración pública federal; continuaría como responsable de coordinar las políticas públicas del gobierno federal en materia de CTI, y su director general sería nombrado por el presidente, siempre y cuando cumpla con un conjunto de requisitos plasmados en la ley y basados en la meritocracia. Esto evitaría una posición burócrata.

Esto responde a la pregunta sobre la creación de una secretaría para este rubro. “Se asume que evolucionar hacia una secretaría sería ir en sentido contrario a la evolución natural que está teniendo esta política en el mundo. El país que más invierte en ciencia y tecnología, que es EU, no la tiene (...) Sería condenar a la política de CTI a una visión sexenal y le daría una connotación mucho más sujeta a los vaivenes políticos. Estamos apostando porque se convierta en un compromiso de país y una política de estado”, agregó el funcionario.

El presupuesto para este rubro deberá ser congruente con los objetivos y metas de la visión de largo plazo; se fortalecerá la operación del Comité Intersecretarial de Presupuesto, se reestructurará y simplificará la organización y funcionamiento de los fondos de ciencia y tecnología para facilitar y hacer más eficiente su administración.

En cuanto al Foro Consultivo Científico y Tecnológico, se le nombra una instancia autónoma consultiva permanente de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de las entidades federativas así como del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología.

También se crearía el consejo de asesores científicos y tecnológicos de la Presidencia, el cual sería muy activo. Estaría integrado por 20 científicos y tecnólogos, designados por el director general del Conacyt y coordinado por un funcionario designado por el presidente, adscrito a la Presidencia.

Cabrero Mendoza expresó que hay una simpatía por esta reforma y, si bien los tiempos son ajustados, hay una convicción de que ésta es una oportunidad para darle a este país una visión muy diferente en un sector al que le urge tener esta visión de largo plazo. “Tenemos confianza en que salga en este periodo o en el de septiembre”, concluyó.

nelly.toche@eleconomista.mx