¿El arte desbordó a la historia? Esa fue la interrogante rectora que reunió a alumnos y profesores de distintas carreras de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en particular, de la licenciatura en Historia, con investigadores del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE), para abrir el diálogo en el primer coloquio del Seminario de Investigación en Arte Contemporáneo que se imparte en la facultad ya mencionada.

Este miércoles, en la Sala Francisco de la Maza del IIE y por iniciativa e insistencia de los propios alumnos de la facultad, se tendió el puente entre ambas instituciones universitarias y se dio un conversatorio en el que los alumnos pudieron expresar sus inquietudes académicas, alzar la voz y, siempre desde la coyuntura que comparten el arte y la historia, hablar sobre temas como la diversidad sexual, la equidad y la violencia de género, así como otros tipos de violencia.

Las diferencias

De primera instancia, se argumentó sobre las diferencias entre la Historia y la Historia del Arte, pero, más que eso, los interlocutores, que fue la gran mayoría de los presentes toda vez que el micrófono fue requerido por muchos de ellos, empataron o difirieron sobre la esencialidad de que la Historia del Arte se valga de una formación multidisciplinaria para su precisión en el ejercicio.

Así lo hizo ver el investigador y doctor en Historia del Arte, Renato González Mello, durante el diálogo inaugural: “La relación entre la Historia del Arte y la Historia ha cambiado mucho en las últimas décadas en nuestro país y en nuestra universidad. Realmente creo que la discusión formal, más allá de los límites de la disciplina, estaba realmente pendiente”.

La doctora Rita Eder, quien fuera directora del IIE de 1990 a 1998, por su parte, habló sobre la ausencia de una licenciatura en Historia del Arte dentro del campus universitario: “Tiene mucho que ver con la tradición de la enseñanza de la Historia en la facultad (...). No enseñamos qué es la cultura sino cómo se ha historiado la cultura”. Explicó que los historiadores de ambas disciplinas tienen distintas herramientas metodológicas “porque tienen un objeto de estudio que si bien es convergente también es diferente. Entonces, tratando de responder para qué sirve el arte: entre otras cosas, para entender la Historia. Hoy no podemos hacer Historia sin acercarnos a los objetos culturales”.

Cuestiones de género y diversidad

A lo largo del coloquio, los estudiantes tuvieron oportunidad de presentar proyectos de investigación diversos. Fueron cinco mesas de diálogo, cada una con el planteamiento de dos temas adyacentes de investigación de los alumnos. Y estos fueron retrolimentados por un investigador del instituto distinto en cada mesa.

Se habló de especificidades de obras de Julio Ruelas y Joaquín Clausell, también sobre el performance Zapata de Guillermo Arriaga, pero dos fueron los momentos clímax de la serie de conversaciones, aquellas que motivaron la discusión más participativa y que integraron la tercera mesa, El género ante el espejo del arte: mujer, pintora y motivo.

La primera fue “Esposa, madre y ¿pintora? en el siglo XIX: entre el pasatiempo y la vocación”, en la que la alumna Mariana Santillán se valió del ejemplo de dos pintoras mexicanas del siglo XIX, Josefa Sanromán y Guadalupe Carpio, para hablar de cómo el quehacer artístico femenino, muy a pesar del talento, era visto como otra virtud femenina que era criticada con condescendencia pero rara vez con objetividad y cuyas obras escasamente participaban en el circuito comercial del arte sino que se consideraban de carácter decorativo.

“John Berger señala lo interesante de señalar la manera en la que las mujeres se ven y se representan a sí mismas, pues históricamente, el hecho de ser mujer implica una presencia condicionada por el hombre (...). Las mujeres se han representado y han sido representadas de maneras distintas a los hombres suponiendo que el espectador ideal es masculino y la imagen de la mujer está destinada a él”, argumentó.

La polémica de Balthus

Por su parte, con el tema “Esta mujer no es una criatura, es una creación: perversiones del genio artista”, la alumna María Fernanda Ayala fijó una postura sobre parte de la obra de Balthasar Kłossowski, Balthus, de quien, dijo, entre los años 1948 y 1950, pintó una serie de óleos erotizados con adolescentes como modelos. Dijo de estas obras que, más allá de la libertad argumental del artista, proliferada en el siglo XX a partir de las vanguardias, muestran la idealización de juventud femenina de Balthus.

“Se suele defender a Balthus argumentando que lo importante es la composición formal, que se suele ignorar su técnica pictórica (...). Lo que realmente molesta y causa incomodidad es que se liga con un discurso de la mujer objetivizada e hipersexualizada, un discurso que se rechaza rotundamente hoy en día, en un ambiente de violencia de género marcada”, argumentó.

A partir de esta última propuesta argumental, tanto alumnos como investigadores concluyeron que no se debe de censurar o retirar este tipo de obras de los museos por sus mensajes sino que se deben ver como pretextos para crear una discusión en torno a obras de arte y la transformación de sus mensajes según la época y su contexto sociopolítico.

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