Decía Confucio que quien volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo, puede considerarse un maestro. Sabio como pocos, el que habría de convertirse en uno de los más ilustres filósofos de China, nació en el seno de una familia de terratenientes nobles, del clan de los Kong. Su padre murió cuando Confucio tenía tres años y dejó a la familia en la pobreza. Confucio, a pesar de ello y casi misteriosamente recibió una esmerada educación. Cuentan sus biógrafos que siendo aún joven, trabajó para la administración del Estado de Lu y su primer trabajo fue en los graneros estatales y alcanzó un alto puesto. Pero en vez de estar satisfecho y feliz su alma estaba llena de tristeza.

No estaba de acuerdo con la política que seguía el príncipe, ni con el escepticismo y la indiferencia que el pueblo chino tenía hacia sus dioses y tradiciones. Una tristeza lógica después de haber sufrido tantas guerras y combatido a tantos enemigos. Confucio observaba, escribía y añoraba una sociedad donde todo e basara en una buena conducta en la vida, el buen gobierno de un estado que incluyera caridad, justicia, el respeto a la jerarquía, el cuidado de la tradición y el hábito del estudio y la reflexión.

Cuenta la historia que el duque de Lu lo designó en un puesto del gabinete a los cincuenta años de edad. Con el tiempo ascendió a puestos públicos más altos y llegó a ser Ministro de Justicia. Sin embargo, otra vez, debido a desacuerdos políticos y conflictos morales, renunció a su cargo a los cincuenta y cinco.

Alguna vez,, dentro de sus enseñanzas, él mismo lo diría Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes .y entonces con la cabeza fría, el corazón caliente y la mano larga –como también él mismo recomienda- se fue lejos. Durante trece años recorrió muchos rincones de toda China hablando con líderes, trabajadores y hombres comunes. Ya se había dado cuenta de que tenía algo que enseñar y que donde hay educación no hay distinción de clases. Y así, poco a poco, Confucio se convirtió en el maestro supremo de China. En una tradición de la vida y el pensamiento.

Algunos de sus discípulos, además de sabiduría, pudieron alcanzar cargos importantes en el gobierno luego de su muerte. Modificaron sus enseñanzas y agregaron sus propias perspectivas. Siglos después, el confucianismo se convirtió en la religión oficial de China y dio forma a la cultura del país. Los valores transmitidos: educación, lealtad familiar, ética del trabajo, el valor de las tradiciones, la conformidad a las normas tradicionales, honrar a los ancestros y una obediencia incondicional a los superiores, siguen arraigados en la cultura asiática. Sus palabras escritas en Los cinco clásicos, una colección de antigua literatura china y Los cuatro libros o Analectas una colección de las enseñanzas de Confucio y de sus discípulos. Estas últimas fueron, durante siglos, el plan de estudios estándar de la educación china.

En este muy cercano Día del Maestro en nuestro país, parecería, más que nunca, que todo fuera como eso y que Confucio era un ancianito chino que está lejos, muy lejos y que de sus dichos hoy ya nada importa. Pero recuerden que (como él mismo dijo): La ignorancia es la noche de la mente. Pero una noche sin luna y sin estrellas.