Viste una preciosa blusa azul añil (sí, auténtico añil) en la que se retrata a un árbol de aguacates y un águila bicéfala. Georgina Santos es una muchacha alegre de palabra fácil.

Georgina ha encontrado en el arte textil una oportunidad de hacer comunidad. Es como reunirse en torno al fuego a contarse historias. El arte textil es más que hacer una simple prenda. Es la capacidad de atraer, platicar, crear círculos de apoyo, porque uno no teje solo, sino acompañado de todo tipo de gente , expresó.

Georgina es de Toluca pero siempre ha mantenido una gran relación con Puebla y la Ciudad de México. Son los tres puntos de su vida; sin embargo, el arte textil la ha llevado por varios lugares. Próximamente, irá a Bolivia.

Comenzó trabajando con el rebozo. El rebozo es una pieza de múltiples funciones: abriga, tapa, arregla, sirve para cargar cosas, hasta un bebe , dice Georgina. Prenda imprescindible, al rebozo sobre todo lo estudió en la Sierra de Puebla, donde hombres y mujeres tejen por igual. Hasta los niños lo hacen , dice con una sonrisa.

Pero pronto la investigación de la artista en torno al rebozo la llevó a terrenos hasta entonces desconocidos.

Llegó Georgina primero a ?Zacatecas, a la zona semidesértica de Zóquite, un lugar donde se produce chile y frijol y donde las mujeres tejen en grupo como una forma de ganarse la vida. No son lo que se dice tejedoras de tradición: hace unos años llegaron maestros de Oaxaca a enseñarles el telar de cintura. Tienen un centro cultural donde les enseñan. Repetían patrones básicos oaxaqueños o navajo (tribu nativa de Estados Unidos) . Georgina se propuso que las mujeres de Zóquite miraran a su entorno y bordaran las plantas y animales a su alrededor.

Fue de ese modo que Georgina Santos se llevó su primera lección de humildad: Cuando se va a las comunidades por primera vez uno cree que va a enseñarles, a rescatarlos de algún modo. Creemos que tenemos la razón. Pero la verdad es que uno aprende más. Ellos se han creado un modo de vida que muchas veces no necesita cambio . Es el asunto de la representación, que tanto debería preocupar a artistas y activistas por igual.

Se trata de compartir conocimiento

El arte de la representación es lo más difícil porque requiere de humildad . Como lo explica Georgina, tiene todo el sentido: se trata de compartir conocimientos, no de colonizar con ideas occidentalizadas la vida cotidiana de las comunidades originarias. Después de su experiencia zacatecana, ?Georgina decidió que iba a aprender de cualquier persona que se encontrara en condiciones de hacerlo.

Esta vez su interés era el bordado. Si veía en la calle a alguien bordando le pedía que le enseñara. Así conoció a dos maestras, Hermelinda, una mujer oaxaqueña dedicada a vender prendas de ropa afuera de una estación del Metro, y a otra mujer dedicada a vender raspados en la calle. Literalmente, Georgina aprendió a bordar en las calles.

Me di cuenta que el conocimiento no se compra. Ambas han sido de lo más generosas conmigo. Hermelinda nunca ha aceptado otro pago que la satisfacción de enseñarme , dijo.

Dentro y fuera

A pesar de que Georgina es artista plástica de carrera, ella se siente como una outsider de la comunidad artística. Es difícil vaciar todas las experiencias del arte textil en una sola pieza. Lo que más me interesa es contar historias, dar talleres para niños. Me encanta esa creatividad pura y viva que tienen los niños .

En este momento, Georgina está trabajando una serie de obras muy interesante: un conjunto de retratos bordados de políticos. Es un retrato de esta hipocresía de ciertos políticos que llegan a las comunidades y se visten a la usanza indígena y prometen y prometen. Es todo un show mediático . El objetivo de la serie es hacer un comentario al respecto: ¿de verdad estos políticos ven como iguales a la gente de las comunidades indígenas?

Otra parte de su trabajo emergerá de sus visitas a Hueyapan, Puebla. Son visitas cautelosas. Busco la mayor horizontalidad posible. No quiero tener la postura autoritaria típica del que llega a ayudar sin preguntarse antes si de verdad necesitan su ayuda . El más grande temor de Georgina es convertirse en una figura de poder y control.

Muchos diseñadores llegan por piezas de bordado o de tejido de telar de pedal (típico de la región) y no dejan nada a cambio. Es una relación desleal , manifestó.

Lo que Georgina más disfruta es ir a la Casa del Artesano de Hueyapan y platicar, comer, reír. Compartir el momento. Le gustaría hacer una obra sobre las cinco versiones que existen del nacimiento de Hueyapan a través del bordado.

Los habitantes de Hueyapan están en un dilema. Su región se ha llenado de maquilas. El trabajo es muy mal pagado pero es dinero seguro, mientras que la artesanía es una apuesta. Tiene mucho que ver la figura maternal tan fuerte en Hueyapan: si la mujer se va a la maquila, todo el día la familia sufre; en cambio si se dedica al trabajo tradicional, puede quedarse en casa .

Finalmente, Georgina reflexiona sobre por qué el trabajo artesanal está tan mal pagado. Es la desinformación del proceso. Los artesanos trabajan desde el hilo, tiñen, bordan, cortan la tela y además ellos mismos venden. Subvaluamos la obra porque no sabemos quiénes son ni dónde viven los creadores .

Georgina Santos se prepara para una nueva aventura, ahora en ?Bolivia, como parte de su maestría de artes visuales en la Academia de San Carlos.

Los procesos comunitarios son lo que más le interesa. Y allá va, a mantener esa cautela y ser lo más horizontal que se pueda.

concepcion.moreno@eleconomista.mx