Este fin de semana, en el filo más agudo de la discusión pública por la defensa de los intereses del cine mexicano ante la iniciativa para la reforma y derogación de varias disposiciones de 14 leyes, entre ellas, la Ley Federal de Cinematografía, con énfasis en los artículos del 33 al 38, donde se fundamenta la vigencia y administración de recursos del Fondo de Inversión y Estímulo al Cine (Fidecine), presentada el martes pasado por el grupo parlamentario de Morena ante la Comisión Permanente de la Cámara de Diputados, el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) adelantó las cifras de su Anuario Estadístico 2019, mismo que la directora del instituto, María Novaro, presentará el próximo jueves a través de las redes sociales de la dependencia y de la Secretaría de Cultura federal.

De nueva cuenta, los números de la industria del séptimo arte en nuestro país crecieron en comparación con el año anterior, toda vez que se produjeron 216 largometrajes (terminados, en proceso de rodaje o postproducción). De ellos, 65% correspondió a relatos fílmicos de ficción, mientras que 34% fueron documentales y apenas 1% fue de animación.

Los trabajos fílmicos de larga duración dirigidos por mujeres fueron 44, es decir, el 20% del total. La cifra fue incluso menor a la producción femenina de 2018, cuyo anuario entonces reportó 47 largometrajes dirigidos por mujeres, es decir, el 25% de las 186 producciones de ese año. Todo ello es muestra de la todavía sobrada brecha de género en el séptimo arte de nuestro país.

De los 216 largometrajes cuantificados en el anuario vigente, 105 (48.6%) recibieron apoyos del Estado, mientras que los 111 restantes fueron producidos por privados. Se trata de las cifras de producción históricamente más altas, tanto para cintas con apoyos federales como privados, pero la primera vez en 18 años que las inversiones privadas para producción superaron a las estatales.

Las cintas apoyadas por el intacto Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (Eficine) fueron 54, mientras que aquellos que pudieron financiarse con el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine), ahora en proceso de extinción pero con recursos garantizados para los compromisos previamente adquiridos, fueron 28. Por parte del Fidecine, objeto de la disputa de la semana pasada, se financiaron dos. En adición, seis trabajos recibieron financiamiento bipartito entre Fidecine y Eficine, mientras que dos más fueron apoyados por Foprocine y Eficine. El reporte agrega que 16 trabajos recibieron otro tipo de apoyos, ya sea de recursos públicos provenientes de entidades federativas, dependencias gubernamentales y universidades públicas.

La relevancia de los apoyos federales en la industria también es tangible en los números del reporte por primeros trabajos. Por ejemplo, del total de largometrajes, 93 fueron óperas primas; sin embargo, esta cifra también se redujo en comparación con el 2018, año del que se reportaron 98 óperas primas.

Las 454 películas estrenadas en salas del país, cuya lista de las 10 más vistas fue acaparada por cintas de origen estadounidense, convocaron a 341 millones de espectadores y generaron 18,659 millones de pesos en taquilla. De esos estrenos 101 fueron de producciones mexicanas, las cuales captaron 35.2 millones de asistentes, es decir 10.3% de la presencia en salas y 1,706 millones de pesos en taquilla.

El cine mexicano obtuvo 323 premios en distintos certámenes de nuestro país y 168 galardones internacionales recogidos en 31 países, siendo la ficción Roma, de Alfonso Cuarón, y el documental Familia de medianoche, de Luke Lorentzen, los más reconocidos.

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