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Arte e Ideas

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Buscando tesoros

Para algunos, la parte más grata de estas festividades son los hallazgos. Tesoros que se muestran por primera vez ante los ojos del explorador o aquellos que, agotados, descatalogados, o porque nadie se anima a distribuirlos, son casi imposibles de conseguir.

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Fiestas como la FILIJ o la FIL recién pasadas dan para todos los gustos y necesidades.

Para algunos, la parte más grata de estas festividades son los hallazgos. Tesoros que se muestran por primera vez ante los ojos del explorador o aquellos que, agotados, descatalogados, o porque nadie se anima a distribuirlos, son casi imposibles de conseguir. Las fiestas del libro sirven para dar con ellos o, al menos, con sus distribuidores.

Uno de esos tesoros es El contador de cuentos, de Saki, ilustrado por Alba Marina Rivera en Ediciones Ekaré y que en el año de su publicación, el 2009, obtuvo los premios Bologna Ragazzi Award, New Horizons; Los mejores del Banco del Libro y el Premi Junceda de ilustración, entre otros.

Si tiene suerte, podrá encontrarlo en cualquier librería, si no, puede contactar directamente a la distribuidora, que se lo hará llegar por correo. En todo caso, si se lo topa, no deje de darse el gusto de deslizarlo afuera de su estuche con forma de vagón de tren y permítase acompañar a lo largo de las páginas a los tres niños odiosos, su tía y al caballero mal encarado, que viajan en el mismo compartimento. Ahí se enterará de la historia de una niña tan horriblemente buena que termina devorada por el lobo.

Tendrá entre las manos un libro que le exigirá que se adentre en su propio tiempo. Tiempo para pasar las páginas. Tiempo para ver y disfrutar las ilustraciones. Tiempo para que el texto y la ilustración se amalgamen y formen un todo indivisible. Por ello, en este caso específico, el formato del libro es tan importante. Largo y horizontal como tren, el paso lento de la mirada por las páginas funciona como el tiempo que implica un viaje en ferrocarril, creando un ritmo pausado, propio de estos traslados. El libro, con su formato e ilustraciones, metaforiza el ritmo del trayecto del tren.

Si usted no conoce a Saki, posiblemente le sorprenda su irreverencia y la agudeza para criticar los clichés de la literatura escrita para niños, al mismo tiempo que el narrador, con desparpajo, explica por qué este cuento funciona tan bien con los pequeños lectores: […] la palabra ‘horrible’ aplicada a la bondad era una innovación digna de elogio. Parecía introducir una nota de verdad que faltaba en los cuentos infantiles de la tía .

Si no conoce a Alba Marina Rivera, es probable que le sorprenda su destreza y buen gusto para contar, plasmar y enriquecer esta historia llena de ironía, así como la certera composición que logra con la ilustración, el estampado de tapices y las texturas de tejidos con los que recrea la atmósfera victoriana en la que se desarrolla la historia. Más le sorprenderá, quizá, enterarse de que este libro fue su trabajo final para graduarse de la escuela de ilustración.

Antes de abandonar el tren, la editorial ofrece pequeñas semblanzas de Hector Hugh Munro (Saki) y de Alba Marina Rivera, que dejan al buscador de tesoros con la sensación de haber hecho un gran descubrimiento.

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