Finalizar el último mes del viejo año y comenzar enero repleto de optimismo e histamina estuvo duro. Ése era el verdadero reto. ?Sobre todo, como si de un cuento victoriano se tratase, uno se ha convertido en ese personaje que ninguna fuente de calor puede calentar y ningún frío invernal producirle escalofríos. Más cortante que cualquier viento, más pertinaz que cualquier nevada, más insensible a las súplicas que una lluvia torrencial. Con un ánimo tan rotundamente áspero que ni las peores lluvias, temblores, granizadas o neviscas pudieran presumir de sacar ventaja.

Y como lo último que uno sabe es por dónde empezar, para tamaño proceso fue más sencillo, de principio, hacer un recuento de los daños del 2012, lo triste, lo aterrador, lo enfermo y lo negro. Todo ello para estar contentos por el final de tiempos tan crudos y alegremente expectantes por un nuevo comienzo.

Ya lo decía George Orwell: la manera más rápida de finalizar una guerra es perderla. Después de tan honesto reconocimiento, silenciamos a los fantasmas de nuestros errores (hubiera dicho Scrooge, el de Charles Dickens: ¿Qué quiere eso decir? ¿Qué ya no tengo tiempo? ¿Que lo he hecho todo mal? ¿Que no tengo remedio?). Después ya no era hora de perder el tiempo.

Habremos de decidirnos por lecturas nuevas y otras actitudes. Usted sabrá, todo fuera como eso, si prefiere vivir en el gusto de los nuevos tiempos o seguir lamentándose por todo lo perdido.

Mejor una espléndida chabacanería: piense siempre que hoy es el primer día del futuro. Y ya con esa mirada hacia adelante y llena de optimismo, perdónese de una vez no llegar ni a los tres meses con su dieta vegetariana. Prepárese, más bien, para celebrar lo inexorable. En este nuevecito, apenas de tres días, año 2013, por ejemplo, se celebrarán fechas felices, grandiosas o importantes: los 150 años del actor, director y dramaturgo Konstantin Stanislavski (lea su libro Un actor se prepara y ya verá cómo hay otras cosas de la vida que pueden prepararse con él); los literatos y artistas del mundo celebrarán también el 150 aniversario del nacimiento del pintor valenciano Joaquín Sorolla y Bastida y del poeta griego Constantino Cavafis. El mismo número de años cumpliría Edvard Munch, el pintor y grabador noruego, famoso por su obra pictórica El grito , ruidosa metáfora de la angustia humana y una de las imágenes más usadas del mundo.

En México, 100 años llevaremos sin José Guadalupe Posada y para todo el mundo entero, se cumplirá también el centenario de Albert Camus.

Cumpliremos ya 30 años extrañando a Jorge Ibargüengoitia, y muy contentos por la celebración de los 80 años que cumplirá Sergio Pitol.

Habrá también quien se lamentará por los 50 años de la muerte del poeta sevillano Luis Cernuda y del escritor inglés Aldous Huxley -nunca falta un roto para un descosido-, pero muchos nos alegraremos ruidosa e indudablemente por las cinco décadas de la publicación de Rayuela de Julio Cortázar, nos dejaremos invadir por cierta melancolía al recordar los 40 años de la partida del Nobel chileno Pablo Neruda y sabremos que serán los mismos que cumplirá el fallecimiento de José Gorostiza.

Ya para coronar -porque si pedimos mucho es porque esperamos mucho-, en este 2013 asistiremos a la celebración de los tres siglos de la Real Academia Española (RAE), que aunque fue constituida en 1714, se fundó en 1713 por iniciativa del Marqués de Villena. Las actividades -juran los académicos que siempre son muy confiables- arrancarán este año, pero culminarán hasta el 2014 –cuando ya haya pasado otro Año y Nuevo y año viejo de tremendos claroscuros-. Todo terminará, por supuesto, con la edición de un nuevo diccionario del idioma. Además de fiesta, éste será un gran proyecto. Tanto, que aglutinará el trabajo que la RAE ha realizado desde hace 300 años y en el que participarán -como en un glorioso banquete- las academias de la Lengua Española de España, América Latina y Filipinas. Algo dedicado justo para nosotros. Todos los hablantes del idioma español que a veces maldecimos y nos quejamos de todo. Ya no pidamos más. Bien lo decía mi abuela: Años nones, bendiciones .