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El otro Trump, el mismo AMLO
Opinión
¿Qué tan fuerte ha sentido AMLO la presión estadounidense contra el gobierno federal y figuras destacadas de Morena que decidió salir de La Chingada y dar una opinión? Su mensaje en X es débil denuncia y flaca defensa de la presidenta Sheinbaum, tiene un tono lastimero y suplicante con el que concluye. Retoma su viejo discurso de que el presidente estadounidense anda en malas amistades: "Atribuyo el sorprendente cambio de Trump a sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras". Con esto, indirectamente trata al habitante de la Casa Blanca como un pelele que se deja manejar. Finalmente, parafraseando uno de sus lemas favoritos dice: "Por el bien de todos, que regrese el otro Trump.”
Está por verse si hay otro Trump, pero AMLO sigue siendo el mismo, sólo que ahora no es un personaje de una tragedia, sino un actor de una farsa que apenas se sostiene, para decirlo en términos de Marx y Hegel. ¿Servirá su carta para hacer cambiar de actitud a la administración trumpista, necesitada de algo que parezca un éxito? Difícilmente, pero su carta tiene objetivos muy concretos: presionar a Sheinbaum para que no ceda a la extradición de los diez de Sinaloa, llamar a las huestes morenistas a involucrarse y renovar su figura de caudillo. Su suerte está en manos de la mandataria a la que dice apoyar.
Ayer jueves, la presidenta citó con entusiasmo la carta de su antiguo jefe, al que llamó repetidamente “presidente López Obrador”. Luego, utilizando un lenguaje copiado del viejo estilo obradorista, reafirmó su doble discurso hacía Estados Unidos: injerencia no, cooperación sí, pero sin extradiciones de los cercanos a AMLO. Debo confesar que soy de lo que creían que Trump no procedería contra cercanos a López y que su propósito no era sacar del poder a Morena. Al hombre naranja le interesa un gobierno mexicano obediente y dispuesto y lo ha tenido, tanto en la figura de la actual mandataria como la de su predecesor, más allá de los discursos nacionalistas y soberanistas.
Tal vez he estado equivocado porque hay un factor importante: la necesidad del Donald de ostentar un triunfo que le permita a su partido subir en las encuestas rumbo a las elecciones de noviembre. Sigo convencido de que un “triunfo” sobre México no le atraería mucha popularidad. El votante medio estadounidense suele mirarse al ombligo, esto es, le importa lo que pasa en su vida cotidiana: empleo, inflación, seguridad interna, etc. Sin embargo, no importara esto si el señor de Washington decide llevar las cosas al extremo en el asunto de los narcopolíticos de Morena.
¿Hasta dónde está dispuesta Sheinbaum y sus aliados a llevar la resistencia contra el gobierno estadounidense?
Para contestar adecuadamente esta pregunta hay que analizar el momento que atraviesa la 4T y la administración federal. La verdad es que, por ahora, el gobierno mexicano no atraviesa una crisis política, económica o social, pero su popularidad y sus márgenes de maniobra están más acotados. El estilo personal de la presidenta de no tratar en sus mañaneras los problemas más graves del país o minimizarlos no la está ayudando. A veces las crisis tardan años, pero en otras es cuestión de semanas o meses.
A menos de una semana del Mundial, Sheinbaum presume su Mundial Social, pero la imagen de México es hoy la toma de la CDMX por parte de la CNTE. Una y otra vez ha dicho que no recurrirá a la represión mientras vándalos destruyen oficinas, bloquean calles, aeropuertos y propiedad privada. Entonces no le queda otra que ceder recursos o espacios de decisión. Lo primero pondría al gobierno en problemas financieros; lo segundo significaría dejar en manos de la Coordinadora el control de las plazas de maestros. Esto es, dejar que la educación se convierta en un negocio político. En cualquier caso, ceder la haría vulnerable a futuras presiones.
Sin embargo, López y Sheinbaum tienen razón: hay intervención estadounidense en la vida política mexicana con el objetivo de ganar posiciones y votos en las elecciones intermedias de EUA argumentando su lucha contra los narcoterroristas. El problema es que ninguno tiene la fuerza política o moral para oponerse a ello. La oposición sabe esto y ciega y sorda como es está apostando que la acción de Trump la favorecerá. Muchas personas en México apoyan esa intervención.
Trump es un delincuente, pedófilo, fraudulento, ha auspiciado el genocidio palestino e interferido sin escrúpulos en las elecciones de varios países. Apoyar sus acciones, así sea contra un grupo corrupto y antidemocrático como Morena y sus aliados, habla de la baja calidad ética de quien lo hace. Sin una ética ciudadana no hay democracia posible.