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Reforma o democracia
Ezra Shabot | Línea directa
La reforma electoral planteada por el gobierno de Sheinbaum tiene un solo objetivo: impedir cualquier resquicio legal o político que le permitiese a cualquier fuerza opositora llegar al poder. No es un problema de los altos costos de las elecciones y el mantenimiento del aparato que permite llevar a cabo comicios transparentes y limpios, sino por el contrario se trata de cortar de raíz las bases sobre las que se edificó la transición democrática mexicana y retornar de nuevo a un unipartidismo blindado por la propia Constitución General de la Nación.
Y esto no tiene nada que ver con izquierdas o derechas, sino con la reconstrucción del nacionalismo revolucionario ahora en manos de Morena. Aquellos que cuestionaron en su momento la representación proporcional que sirvió para garantizarles a los burócratas de los partidos un lugar en el legislativo, olvidan que ese mecanismo fue indispensable para que en ese entonces los opositores pudiesen desafiar al partido hegemónico.
Si se hubiese querido avanzar en la democratización del sistema, podrían haberse modificado los requisitos para postularse como candidato de lista plurinominal, o en términos económicos permitir y regular el financiamiento privado, no únicamente para reducir el presupuesto del Estado, sino también para introducir mecanismos de verificación del gasto de candidatos y partidos que recolectan y gastan millonadas que no pueden ser rastreadas por el órgano electoral.
Teniendo en sus manos los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, la 4T pretende que este modelo perdure durante largas décadas como lo llevó a cabo el presidencialismo priista durante gran parte del siglo pasado. Sin embargo las condiciones hoy son totalmente distintas. Ni los mercados internacionales funcionan de la misma manera, ni el contexto internacional se asemeja a la era de la Guerra Fría durante el siglo pasado. La inestabilidad de los regímenes autoritarios y su incapacidad por responder en el mediano plazo a las demandas sociales terminan, o provocando su derrumbe, o arrastrando a todo el país a una bancarrota imposible de superar como lo es el caso Venezuela.
Por lo pronto la eventual aprobación de la reforma electoral proveniente del Ejecutivo se presenta como un golpe mortal a la posibilidad de la alternancia política, y un refuerzo a la nueva legitimidad del monopartidismo.Y no se ve en el horizonte una fuerza que pueda contener esta tendencia.
Los satélites de Morena, o sea el Verde y el PT, llegarán a un acuerdo que les permita seguir coexistiendo con el partido único a pesar de la reducción o desaparición de la representación proporcional. La posible ruptura de la hegemonía morenista sólo se producirá a través de una disidencia interna como la que escenificaron Cárdenas y Muñoz Ledo, y que culminó con el ascenso al poder de AMLO y la reencarnación del presidencialismo absoluto.
Paradojas de la historia.