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La realidad mínima
Opinión
Me queda claro que cualquier gobierno tratará de minimizar los problemas que afronta y no resuelve. En el mundo, pocos son los líderes que han hablado con franqueza del tamaño de los problemas que padecen. En el México moderno no hay un solo caso que mostrar y, de alguna manera, se comprende. Un gobernante que sale a decir, por ejemplo, “no hay manera de entenderse con Trump más que a través de ceder y ceder”, no sería alabado por su sinceridad; al contrario, sería vituperado y acusado de pusilánime.
Es casi un arte decir verdades sin que parezca que todo se desmorona, pero hay un arte más difícil: el arte de reducir los problemas a simples inquietudes. Si mis cuatro lectores suponen que estoy hablando de mentiras, tienen razón. Este último arte es mentir con una sonrisa mientras se reduce el tamaño de los problemas en el discurso. En este último modo de ser, nuestros políticos han sido unos verdaderos virtuosos.
Aquel viejo eslogan de “si no pueden, renuncien”, dicho por Alejandro Martí (QEPD) al calor de la guerra calderonista contra el crimen organizado, ha quedado en el olvido. Hoy, el lema es reducir a su mínimo los problemas. Si el Tren Oceánico de carga se descarrila es “un incidente” sin gravedad, tal y como fue el anterior descarrilamiento del Tren Oceánico de pasajeros el pasado diciembre, que también fue calificado como “incidente”, a pesar de la muerte de 14 personas. Por cierto, nunca se supo como el gobierno había compensado a sus familias. Este dato se mantiene hermético.
En este gobierno de eufemismos y reduccionismo, la renuncia de dos altos funcionarios de la Fiscalía General de la República se maneja como “separación” por asuntos personales, a pesar de la sospecha que metieron la pata en algún caso gordo. Tal vez fue el traslado a Estados Unidos del piloto que llevó al Mayo sin que supieran de quien se trataba realmente, a pesar de que hay indicios de que García Harfuch ya lo había señalado. Un caso de incapacidad evidente que se barre debajo de la alfombra y se minimiza diciendo que eso no era lo importante.
Otro tema es el de Marina del Pilar que simplemente se ignora con el alegato de que no hay delito que perseguir de acuerdo con los audios filtrados por la prensa. Lo que se alcanza a distinguir de esas grabaciones es que la gobernadora de Baja California está dispuesta a dar información a cambio de ser exonerada, pero ¿de qué? Por supuesto, al FBI no le interesa la información de las mesas matinales de seguridad, quieren nombres de funcionarios y vinculaciones con el crimen organizado. Como adicional, el pleito entre la gobernadora y el exgobernador Bonilla agrava la situación de Morena en la entidad.
Estos son algunos de los asuntos de esta semana, pero todas las semanas se dan casos así, que necesitan ser minimizados o desestimados. Hay una estrategia sistemática de comunicación para reducir la apariencia de crisis graves. Se niega, se manipulan los datos y se descalifican las críticas. Criticar a López Obrador es una bajeza, más si se trata de vincularlo con el crimen organizado; hablar de una tragedia y de la responsabilidad gubernamental es de buitres. Hablar de la muerte de los seis periodistas asesinados recibe siempre la misma respuesta presidencial: lo lamentan y se investiga. Es un estribillo que denota insensibilidad y, lo peor, incapacidad para detener las muertes y los desastres. Reaccionan cuando ya sucedieron las cosas y siempre igual.
La presidenta está priorizando el cuidado de su movimiento político sobre la resolución de los problemas. ¿Por qué? En realidad, la razón es muy simple: resolver de manera integral la muerte de periodistas llevaría al gobierno a grupos locales de poder con nexos con el crimen organizado. Resolver de tajo el huachicol fiscal probablemente llevaría a las autoridades hasta el gabinete presidencial. Eso no va a pasar, hay que preservar la estabilidad política como la entiende la 4T.
La presidenta no sólo controla los tres Poderes y buena parte de los gobiernos estatales y municipales, está tratando de controlar la verdad. Las conferencias mañaneras son un mecanismo para imponer una agenda donde las crisis son, o bien ignoradas, o clasificadas como campañas de desprestigio.
Sin embargo, el muro presenta grietas. Gobernadores que están buscando acuerdos de inmunidad con Estados Unidos a cambio de delatar a sus camaradas de movimiento, problemas que se niegan a ser reducidos, como el de las madres de los desaparecidos. En algún momento tendrá que comenzar a practicar otra estrategia desde un Estado debilitado por la herencia caótica que le heredó AMLO o sumirse cada vez más en las complicidades.