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Opinión

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Nuevas porras rumbo al Mundial

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Donald Trump nos lo ha puesto difícil. ¿A quién vamos a apoyar los que vivimos en América? El Mundial de la FIFA va a encontrarnos con un mundo que no conocimos cuando la competencia ocurrió en Catar.

Pensemos en la eventualidad de que México no llegue a la final y decidamos banderas en este encuentro deportivo que ha mostrado lo peor de la avaricia y la fructífera ruta que el deporte dibuja rumbo a la usura.

Los mexicanos, como americanos que somos, habremos de reconocer el escenario en el cual ya nadie debe enviar petróleo a Cuba y ceñirnos a la regla de América para los americanos que no somos nosotros.

Así pues, ante la potencial ausencia de nuestros paisanos en la final, deberemos elegir. ¿Para quién van las porras?

Opción 1. Apoyar a la Argentina de Messi. Acérrimos y prácticamente invencibles rivales en la cancha, pero grandes cómplices entrañables en el vino y la carne asada. Es un cuento refrendable de amor y odio.

Es difícil de digerir la actitud de su mandatario, Javier Milei, pronto aliado del presidente Donald Trump y de Elon Musk, que más allá de sus virtudes —seguro que las tienen—, juntos o separados, han cantado una guerra contra inmigrantes en buena medida nacidos entre Sonora y Tapachula, al ritmo de los aplausos de este sonriente político rockero que gusta de las sierras mecánicas.

Pero con Argentina compartimos cultura y tratados comerciales, como el ACE 55 para el intercambio de coches (que, por cierto, suspendieron alguna vez).

Opción 2. Brasil. Otros que firmaron el ACE 55 y que también lo rechazaron por un tiempo cuando los automóviles mexicanos empezaron a llenar sus calles.

Aquí la cosa se complica, porque su presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, defiende una narrativa inversa a la de Trump y Milei, similar a veces a la de la presidenta Claudia Sheinbaum, cuando se le olvida el T-MEC.

¿Cómo tomaría Trump una ola verde que apoye a la verdeamarela en su tierra?

¿Podrían los mexicanos apoyar a los brasileños al tiempo que predican su amor al libre comercio norteamericano?

Opción 3. La que más puede doler. En la voz de Mark Carney, el mundo vio el regreso de los adultos a la discusión.

El primer ministro de Canadá devolvió, con un discurso en Davos, Suiza, la dignidad y la honra a su país, misma que habían perdido temporalmente sus coterráneos con el vuelo de un tufillo a racismo expedido por un político de Ontario que ha perdido más que la seriedad.

Los canadienses merecen apoyo, al menos en lo deportivo, aunque ahora es difícil ubicarlos geográficamente.

Vía Groenlandia son casi europeos y, en el comercio, intentaron ser Asia al atar vínculos con unos chinos que de a poco les han llenado Vancouver.

La valentía de un potencial escape de toda atadura topó con el T-MEC y el equipo de Carney debió aclarar que a Estados Unidos solo lo están fintando. Que primero es lo primero, o lo firmado.

Opción 4. ¿Habrá que asumir riesgos? Los mexicanos son tan mestizos como medio europeos. España es la madre patria.

Esta semana, India presume un nuevo tratado comercial con Europa, similar al que México firmó con ese continente desde los días de Ernesto Zedillo.

El mes entrante habremos de ver a Claudia Sheinbaum aplaudir su ratificación, en un Acuerdo Global Modernizado con esa región que siempre es candidata al trofeo.

¿Habremos de celebrar en la fuente de Las Cibeles un potencial triunfo rojo y amarillo si no pasan los nuestros?

¿O habremos de cuidar las formas y en una quinta opción respaldar a esa segunda nación de mexicanos instalados en Texas, Illinois y California, cubiertos de barras y estrellas?

El mundo pasó en cuatro años de buffet a caldo, pero a decir de la decisión en Palacio Nacional de no enviar petróleo a Cuba, entramos en la razón que alguna vez me explicó Ian Bremmer, el famoso internacionalista: México es como Israel: si no tiene a Estados Unidos, no tiene a nadie.

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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