Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

El Mundial que (ya no) es nuestro

OpiniónEl Economista

Cada que hablamos de futbol el país se detiene. Las taquerías bajan el volumen de la música y suben el de la televisión. Los grupos de WhatsApp colapsan. Las calles se vacían. El futbol no es entretenimiento en México: es uno de los pocos momentos en que el país, sin importar colonia, ingreso ni partido político, habla el mismo idioma.

El Mundial 2026 llega a suelo mexicano por tercera vez en la historia. Debería ser motivo de fiesta unánime. Y, sin embargo, algo no cuadra. ¿Qué pasó con el deporte del pueblo?

Entre el 1 y el 27 de mayo de 2026, DINAMIC analizó más de 40,500 menciones en redes sociales sobre el tema. Lo que los datos revelan no es euforia, es algo más perturbador: distancia. Los mexicanos hablan del Mundial como se habla de algo que sucede en otra parte, para otra gente.

La narrativa más repetida en la conversación digital no es la emoción deportiva ni orgullo nacional. Es el costo. El 17.68% de los comentarios analizados giran en torno a la exclusión económica: boletos inaccesibles, precios de hospedaje disparados, una ciudad que se transforma para recibir a visitantes extranjeros mientras desplaza silenciosamente a sus propios habitantes.

La gentrificación no es un fenómeno nuevo en las ciudades sede, pero el Mundial parece acelerar el debate y visibilizar las brechas. Colonias enteras de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey están siendo reconfiguradas para una experiencia turística que los vecinos de toda la vida no podrán costear. El futbol, que nació en los potreros y las canchas de tierra, llega al estadio con palco y precio en dólares.

La segunda narrativa con mayor proporción (12.60%) transmuta al debate político: el Mundial es percibido como distractor. Usuarios cuestionan a autoridades una supuesta priorización del espectáculo sobre los problemas estructurales del país: Inseguridad, educación y salud.

La investigación de DINAMIC permite plantear una tesis: el rechazo que 48% de usuarios escribe en redes sociales no es al futbol, es al futbol despojado de su dimensión popular. Es al Mundial convertido en producto de exportación que se fabrica en territorio mexicano, pero no para los mexicanos.

El futbol fue durante décadas el gran igualador simbólico de México. Un espacio donde todos compartían al menos la misma angustia frente a la portería. Los datos plantean una pregunta que el gobierno, la FIFA y las ciudades sede quizá deberían reflexionar: ¿puede un evento que nació para unir a los pueblos del mundo celebrarse en un país donde más de la mitad de su propia gente siente que no fue invitada?

¿O el precio de ser sede es, precisamente, dejar de ser anfitrión?

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas