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Estar en el menú y no en la mesa

OpiniónEl Economista

De la mano de Vaclav Havel y Tucídides, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, hizo uno de los discursos más profundos y mejor estructurados de los últimos tiempos. Por supuesto, se agradece. En un mundo de palabras maquilladas que esconden la realidad y falsas frases de consuelo, el canadiense se paró en Davos y habló del “fin de una ficción cómoda y del inicio de una realidad dura”. Ya no más acomodarse y creer que el mundo se rige por tratados y leyes internacionales civilizadas. Hablaba de Trump, sin duda, pero también de Rusia y China.

En esta nueva realidad, que no es transición sino ruptura, la fuerza de las grandes potencias ya “no está sometida a límites ni restricciones”. Carney hizo un llamado a las potencias intermedias para construir un nuevo orden que tenga como centro el respeto a los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los distintos Estados. En este punto, el que la presidenta Sheinbaum sólo se haya atrevido a hacer un tímido reconocimiento al discurso revela el grado de sumisión de nuestro país a Trump, no a Estados Unidos, y la falsedad de que la 4T es la gran defensora de la soberanía.

Citando a Tucídides, un historiador y militar ateniense del siglo V antes de Nuestra Era Común, Carney tomó una cita de “Historia de la Guerra del Peloponeso” para señalar una realidad lacerante: “…los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.” De esa misma fuente, creo que vale la pena recalcar que el ateniense subrayaba que toda guerra tenía una causa política, no necesariamente válida, con la que se había convencido a los pueblos. La política puede envenenar a las sociedades que aceptan marchar a la guerra, sea arancelaria o militar.

En este sentido, hay una idea importante, a pesar de todos sus esfuerzos, Trump no ha logrado convencer a la mayoría de sus compatriotas. Al contrario, sus mentiras y agresiones han causado una gran reacción social a lo largo de la Unión Americana. La revuelta social no ha logrado hasta el momento detener al habitante de la Casa Blanca, pero cada vez son más los que protestan. No hay nada peor ni más peligroso que un gobernante autoritario que no posee un amplio apoyo social.

Se especula mucho en las razones, por llamarlas de alguna manera, de las acciones trumpianas: el caso Epstein, su baja en los índices de popularidad, las próximas elecciones. En el fondo, hay una posible causa que se describió hace 2,500 años: la trampa de Tucídides. Esta hace referencia a la tensión generada entre una potencia en decadencia y otra en ascenso. La nueva presenta una amenaza para la que está en declive y no quiere perder su lugar. Esto puede generar hostilidad, enfrentamientos y hasta guerras. Estados Unidos es hoy la potencia en decadencia y China aquella que asciende paulatinamente.

Regresando al discurso de Carney, hay que decir que su mención de Vaclav Havel fue muy significativa. Este hombre fue un dramaturgo, escritor y de rebote un político. Fue uno de los rostros visibles de la Primavera de Praga de Dubcek en 1968, un intento de darle rostro humano al socialismo realmente existente de Checoslovaquia. Las tropas del Pacto de Varsovia acabaron con el sueño y los siguientes años fueron de represión contra los disidentes.

Vaclav Havel fue uno de ellos, conoció la cárcel en varias ocasiones. Hay que señalar que su lucha fue contra el totalitarismo y las mentiras de los totalitarios. Autor de un libro llamado El poder de los sin poder, llamó a rechazar las mentiras en las que se sostiene el poder absoluto. Por esto, Carney dijo: “El poder de quienes tienen menos poder comienza con la honestidad.” La opresión se sostiene al conformarse para no tener problemas, al colgar el letrero fuera de la verdulería aceptando de hecho las mentiras de un régimen.

El primer ministro llamó a retirar los letreros donde los países aceptan una mentira: que el orden mundial funciona con base en reglas estables porque “No se puede vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación.”

En México escuchamos todos los días la palabra soberanía; escuchamos que Estados Unidos nos necesita y que la integración es cosa cierta. La realidad, seamos honestos, es que hay dos caminos. Si bien no podemos cambiar la geografía, al menos podemos optar entre la diversificación comercial y política o la entrega con una narrativa soberanista.

Bien dice Carney: “Se suele decir que las potencias intermedias deben actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú.”

México está en el menú.

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