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Después de Irán, ¿qué politica energética necesitamos?
Luis Miguel González | Caja Fuerte
¿Cómo afectará la guerra en Irán a México? La primera parte de la respuesta es obvia: traerá menos crecimiento, más inflación y una presión adicional para las finanzas públicas, porque el Gobierno deberá dedicar recursos que no tenía previstos a amortiguar el impacto del shock externo en el precio de los combustibles, los fertilizantes y los productos del campo.
PIB, inflación, gasto público... cada uno de estos aspectos resulta crucial en un momento como el que vivimos, en el que el Gobierno y el país tienen un margen de maniobra muy reducido. Los números que miden el crecimiento, la evolución de los precios y las finanzas públicas importan, sobre todo porque describen una realidad que se está complicando. La economía crecerá a una menor tasa que la población. La inflación no bajará de 4% y quizá se acerque al 5%. El déficit de finanzas públicas seguirá siendo superior al billón de pesos anuales.
¿Es viable el 1.6% de crecimiento que proyecta el FMI para México? Tenemos pendiente la revisión del T-MEC y atorada la digestión de las decisiones del Poder Judicial. Además, la incertidumbre global. Mucho depende de la duración de la crisis que generó el ataque a Irán. En estos días, el mundo entero está al pendiente de lo que pasa en el Estrecho de Ormuz, pero la "normalización" estará resuelta hasta que se restablezca el funcionamiento de la infraestructura energética de la región: hay daños en refinerías en Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Bahrein, Kuwait e Irak. Destrucción en instalaciones para procesar gas natural licuado en Qatar, Irán y Emiratos Árabes. Problemas severos en campos petroleros en Irán, Irak y Arabia Saudita.
La reparación de todo lo dañado tardará meses y seguirá hasta bien entrado 2027. Esto implica que seguirá la disrupción del mercado global de petróleo, gas y petrolíferos.
Las cosas no volverán a ser como eran antes del ataque a Irán, advierten los expertos. Los más afectados serán los países que son importadores netos energéticos, dice el economista en jefe del FMI, Pierre Olivier Gourinchas.
¿Qué implicaciones tiene para México? Hay que resolver el crecimiento del PIB, el control de la inflación y fortalecer las finanzas públicas, además de acelerar el desarrollo de un modelo energético que responda a las nuevas circunstancias.
Vuelta en U, le llama mi compañera de páginas, Alexia Bautista. Ella se refiere al fracking, pero podríamos añadir renovables, promoción de la inversión privada e innovación... energía nuclear. Relanzamiento de Pemex y CFE, con más autocrítica y sentido de urgencia.
¿Por qué la urgencia? Perdimos seis años con AMLO en materia energética. Malgastamos veintitantos miles de millones de dólares en una refinería malhecha, descuidamos el mantenimiento de las instalaciones petroleras, no avanzamos en energías limpias y dejamos de construir las redes de transmisión que se necesitan en electricidad. Somos extremadamente vulnerables porque somos deficitarios en gasolina, diésel y gas natural. Más allá de la narrativa están los datos duros. El déficit vale miles de millones de dólares mensuales. Nuestro proveedor, Estados Unidos, nos ofrece los mejores precios del mundo, pero se ha vuelto impredecible. ¿Qué pasaría si nos cierra la llave, aunque sea un ratito?