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La ignorancia

Ezra Shabot | Línea directa
La carencia de conocimientos es un impedimento para ejercer cualquier profesión, cargo o responsabilidad. Pero cuando se trata de mantener el poder sin contrapeso ni negociación alguna, de imponer un régimen autoritario que puede llegar a los extremos de los totalitarismos del Siglo XX, la ignorancia se convierte en un bien preciado por aquellos que se consideran mesías o salvadores del mundo entero, y para lo cual contar con servidores incapaces de diferenciar entre el bien y el mal y cuyo nivel de conocimientos es ínfimo, se vuelve una condición indispensable para gobernar.
Y esto es lo que el Obradorismo y su segundo piso han venido construyendo durante los últimos nueve años. No se trató únicamente de desmantelar el sostén institucional de una democracia en construcción, ni de llenar de leales todo espacio de poder posible. El objetivo explícito de López Obrador y su corte de incondicionales fue el de incorporar a un montón de ignorantes a cuanto lugar les fuera posible.
Desde órganos de gobierno hasta medios de comunicación, pasando por la Suprema Corte de Justicia y estaciones de radio y televisión, donde lo importante no era si su capacidad argumentativa era profesional y convincente, siempre y cuando defendieran la postura del gobierno asumiendo incluso posturas que rayan en el absurdo. Así, el espectáculo de la Corte se convierte en un circo cotidiano de errores y situaciones vergonzosas, y los noticieros radiofónicos y programas de debate en televisión se ven obligados a dar cabida a propagandistas cuyo coeficiente intelectual es cercano a cero.
La estupidización del debate público fortalece a esa masa de creyentes convencidos de la teoría de la conspiración que afirma que cualquier crítica a las acciones del gobierno es parte de una respuesta ilegítima y malévola por parte de los enemigos del pueblo. Un pueblo encarnado en la figura presidencial, lleno de odio y deseos de revancha por un pasado lleno de falsedades que sólo sirve para blindar a los iluminados hoy en el poder.
La consecuencia natural de gobernar con ignorantes e inútiles es que no se obtengan resultados positivos para presumir ante la sociedad. Ni crecimiento económico, ni reducción sustancial de los altos niveles de violencia, ni mucho menos un aumento significativo de la calidad de vida de la mayoría de los mexicanos. El autoritarismo obradorista se sostiene con el reparto de dinero y los pactos cada vez más insostenibles con el crimen organizado.
Para esto no se requieren ni inteligencia ni conocimientos cada vez más sofisticados como sucede en las democracias liberales donde la meritocracia es el canal natural de ascenso político y social. Aquí la lealtad al caudillo sustituye cualquier cualidad necesaria para gobernar. La estupidez, la corrupción y la perversidad de esta clase en el poder son los ingredientes que garantizan su permanencia, hasta que un rayo de inteligencia pueda acabar con la oscuridad propia de de estos ignorantes.

