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Opinión

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Un detallito que olvidaron del aumento a los salarios mínimos

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Qué bien para la gente que aumente el salario mínimo. Qué mal que, indirectamente, ese incremento parezca estar causando una crisis en las universidades.

Precisamente cuando necesitamos a los mejores mexicanos, las escuelas se quedan sin dinero para laboratorios, becas y preparación. Enfrentan un problema difícil, pero muy simple de explicar: sus gastos crecen rápidamente y sus ingresos quedan rezagados.

Hoy necesitamos gente que entienda de programación de software, pero también de generación de energía nuclear e incluso “ingenieros” de biología, de acuerdo con Jensen Huang, fundador de Nvidia, la gigante tecnológica en la que saben lo que viene en materia de productos que pronto comenzarán a llegar al mercado.

Las escuelas necesitan nuevos equipos y tecnología vigente para que los alumnos aprendan. ¿Cómo pueden comprarlos?

Podrían hacerlo cobrando más cuotas, pero recuerden que a los mexicanos no nos gustan esos cobros en las universidades públicas, como si la educación no tuviera costos crecientes. Uno de los principales es el gasto de nómina.

Hace cinco años, los trabajadores formales peor pagados ganaban una cifra que debería avergonzarnos: 4 mil 500 pesos mensuales. Ese sueldo lo cobraban una persona de intendencia, quien cuidaba la puerta o quien hacía la limpieza. Este año cobran, al menos, 9 mil 500 pesos: el salario mínimo.

Es un aumento superior al 110 por ciento, muy bueno para los trabajadores.

En las empresas conocen ese reto y lo solventan aumentando los precios, cuando el mercado lo permite. De lo contrario, sacan del estante aquellos productos en los que no pueden reflejar los incrementos.

¿Cómo lo hace una universidad pública que depende de recursos federales o estatales?

Los recursos totales asignados a la educación pública en el país crecieron 55 por ciento, también en cinco años. Comparen eso con el aumento del salario mínimo.

¿Cómo hace el Gobierno para enfrentar la diferencia?

He hablado con varios directores universitarios y me dicen que el faltante lo sacaron de los gastos de operación e inversión: Del dinero con el que pagan la luz, el agua, el gas, el papel de baño, las nuevas computadoras y los microscopios de nueva generación…

El director no puede dejar a oscuras los salones y, en lugares calientes, debe impedir que se derritan los alumnos. El aire acondicionado tiene que encenderse. ¿Resultado? No hay dinero para nuevas ‘compus’.

Tampoco, por cierto, para elevar dignamente el salario de profesores que poco a poco se quedan rezagados, pues ellos no ganan el salario mínimo. Esa circunstancia eleva la fricción dentro de las universidades.

En medio de ese entuerto nos agarra la nueva relación con nuestro principal cliente: EU.

Ese país tiene sus propios líos, pero ha definido una Misión Génesis que, a partir de este verano, coordinará la inteligencia y los cerebros de sus 17 principales laboratorios gubernamentales, bajo la conducción del Departamento de Energía.

Pretende iniciar una revolución que le permita responder a una China muy bien coordinada para generar todos los nuevos productos que aparecerán en las tiendas, en los hospitales y en el mercado.

Si México quiere participar, necesita a su mejor gente, bien preparada. Pero la realidad impera.

La Universidad Autónoma de Sinaloa, la Universidad Autónoma de Yucatán, la Universidad de Guadalajara e incluso el enorme TecNM ejemplifican el problema presupuestario general sobre el que ha alertado la ANUIES.

Salarios estancados, jubilaciones pendientes y falta de recursos para educar son reflejo de una decisión gubernamental: empujar los salarios mínimos sin planear la manera de financiarlos dentro del propio Gobierno.

Hablen con los profesores que tengan cerca y ellos les explicarán qué tan delicado es el asunto. Yo, desde acá, le doy seguimiento.

La principal fábrica que México necesita hoy es la de cerebros, y parece estar quedándose sin luz, casi literalmente.

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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