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Carney en Davos: ¿Está Canadá diciendo adiós al T-MEC?
Luis Miguel González | Caja Fuerte
Hay que leer o escuchar el mensaje de Mark Carney en Davos, porque es un extraordinario discurso y porque ofrece pistas sobre el futuro de América del Norte. El primer ministro de Canadá está diciendo no a Donald Trump y a su forma de negociar; quizá esté diciendo adiós al T-MEC. En todo caso, marca una línea roja en lo que será la revisión del acuerdo comercial. “Las grandes potencias están usando la integración económica como arma. Las tarifas como palancas, la infraestructura financiera como coerción, las cadenas de proveeduría como vulnerabilidades a ser explotadas”.
En su discurso de 16 minutos, el mandatario canadiense anuncia su rechazo a los planes de Trump sobre Groenlandia y a la presión a través de los aranceles a los países de la alianza que apoyen a Dinamarca. Nuestro compromiso con el Artículo 5 de la OTAN es firme, dijo. Esto implica que Canadá está dispuesto a enviar tropas para defender a cualquier país de la alianza que sea agredido.
En un día en el que el presidente estadounidense subió a redes sociales una imagen creada con IA con un mapa donde Canadá y Groenlandia están dibujadas con la bandera de las barras y las estrellas, Mark Carney pronunció el discurso de su vida en el World Economic Forum. Hizo una reflexión sobre el papel que deben desempeñar las potencias medias en el nuevo escenario mundial: “deben actuar juntas porque el que no se siente a la mesa a comer, será parte del menú”, advierte.
Ratificó su intención de buscar alianzas más allá de las que ahora tiene. “Se trata de construir coaliciones que funcionen, con socios que comparten suficientes puntos para actuar juntos”. En este sentido, hay que recordar que Canadá firmó recientemente un acuerdo con China sobre vehículos eléctricos y productos agrícolas; además, están buscando un trato sobre petróleo que le permita a China sustituir las compras que hacía a Venezuela. También tuvo un acercamiento con Qatar. Expresó que su país está buscando acuerdos de libre comercio con el Mercosur, India, Tailandia, Filipinas y los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático.
No mencionó nada acerca de la relación con México, pero entregó unas líneas que valdría la pena que fueran analizadas con mucho cuidado en la Secretaría de Economía y la Cancillería: “en un mundo de rivalidad entre potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí para obtener favores o formar una alianza para crear una tercera vía con impacto”. La no mención explícita de México quizá implica que no hubo seguimiento a la visita de septiembre a la Ciudad de México, cuando el primer ministro de Canadá dejó clara la intención de profundizar los vínculos económicos binacionales.
El mundo no está viviendo una transición, sino una ruptura, dijo el mandatario canadiense: “Canadá fue de los primeros en escuchar el despertador. La geografía y las alianzas históricas ya no garantizan seguridad ni prosperidad”. El viejo orden mundial no volverá. “La nostalgia no es una estrategia”, explicó.
En esta síntesis apretada del mensaje de Carney, no quiero omitir su referencia a un ensayo de Václav Havel, el intelectual que se convirtió en el primer presidente de la República Checa en 1993. El poder de los que no tienen poder se llama el ensayo escrito en 1978. Se refiere al caso de un comerciante que pone en su tienda un letrero con propaganda comunista, no porque crea en el comunismo, sino porque cree que así se evitará problemas con los que tienen el poder. Al hacerlo, el comerciante fortalece el sistema en el que no cree. “Por hechos como este, los individuos confirman el sistema, lo llenan, lo hacen y se convierten en el sistema”, escribió Havel. El poder de los no poderosos comienza con la honestidad, dijo Carney. ¿Qué opinan de esto?
Pie de página
Cómo poner en perspectiva el mensaje de Carney? Mi primera impresión fue que trata de jugar ante Trump un papel parecido al de Churchill frente a Hitler: “el apaciguamiento no es una opción”. Es el mejor discurso político de la historia de Canadá, escribió Max Fawcett, un agudo analista político del Canada’s National Observer. Luego del elogio, vino un balde de agua fría: “(Canadá es) un país cuyos líderes no son reconocidos por su habilidad para producir speeches que sacudan”.