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Transa
Urge elevar el nivel cívico y educacional de los legisladores, pero para conseguirlo se requieren electores conscientes, responsables e informados.
En nuestro México sobresalen dos culturas, léase uso, costumbre, idea, volición, modo de vida generalizados: la guadalupana y la de la transa. La segunda sobresale frente a la primera. Cuántas transas y crímenes se hacen en nombre y bajo el amparo de la del Tepeyac.
Nuestra convivencia está embebida en transas de toda especie, robos y raterías. Cualquier producto, servicio, cualquier transacción, son objeto de transa; ordeñas de líquidos y gases; diablitos, deudas y moras. Coladeras de dinero por todos lados, impuestos, cuotas, compras, ventas, inversiones, puestos de trabajo y puestos en las calles, basura, sexo y afines, transportes, cabildeos, trapacerías, hipocresías, mentiras. En fin, las 1,000 caras de la corrupción.
Ejemplo claro de manipulación es el senador Beltrones, entiéndase que este apellido no casa con el nombre del mártir asesinado en el Café de Tacuba y mucho menos con el de pretor o político en la antigua Roma, sus rimbombantes frases lo pintan de cuerpo entero.
A saber: Conviene hacer un esfuerzo retrospectivo para contextualizar la actitud presidencial , salto cuántico , dinámica polarizante , contemplación narcisista del espejo mediático y el Partido Revolucionario Institucional como paloma de la paz y ejemplo de prudencia (artículo del susodicho, Reforma, 14-IX-09). Locuciones para dejar turulato a cualquiera.
Todos los cambios -en particular los urgentes para el país- se lograrían con una reforma que suprima a los de representación proporcional; con alentar el bipartidismo; con abrir posibilidades a una mayoría absoluta, a las alianzas; que un primer ministro, que un jefe de gabinete, etcétera, etcétera.
Todo lo anterior son soluciones mecanicistas perfectas en teoría pero por demás impracticables e inviables en este país, ¿por qué? Por la misma razón: las que da la polaca a la mexicana, las razones del poder personal o de facción. Los mismos polacos con otra envoltura.
El camino está en elevar el nivel cívico y educacional de los legisladores que nos representan, para lo cual precisan electores conscientes, responsables e informados.
O sea que está en chino lograrlo y no hay para dónde moverse en este campo. No hay cómo encontrar la salida del atascadero, fundamentalmente atascadero moral, de honradez, de patriotismo, de esperanza.
Por todo lo anterior, es mejor borrar a los legisladores. Es una buena idea. Ellos son el obstáculo.
parroyo@eleconomista.com.mx