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Para la estabilidad geopolítica es fundamental el desarrollo del sureste mexicano
El retraso histórico del sureste mexicano se asimila cada vez mas a los países centroamericanos que constituyen el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador). Y se separa más del desarrollo del centro norte del país, haciendo una dicotomía regional: el centro norte que se desarrolla y el sur sureste que se atrasa.
Las migraciones centroamericanas hacia Estados Unidos, pasando y parcialmente quedándose en México, son el reflejo de la perversión subdesarrollada. Dos datos reveladores: uno, en Honduras el gasto para enfrentar la criminalidad y la prevención representa 19% del Producto Interno Bruto (PIB), 11 veces más que el de México, de suyo bajo, de 1.7% del PIB; dos, el gasto militar en estos países significa una alta proporción del gasto publico; es de 20 por ciento. ¿Qué queda para el desarrollo económico y social?
De seguir la ruta de la devastación de los deseos humanos, de la fantasía y de la productividad, es previsible que en Centroamérica, particularmente en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, de no darse un cambio regional importante, se creará un infierno centroamericano, como el que se evitó en los ochenta al crearse el Grupo Contadora, instancia diplomática de varios países interesados en evitar la carrera de violencia que se había creado. Se logró la paz.
Junto con Estados Unidos, México y los países centroamericanos, se puede crear un plan de inversiones estratégicas de Centroamérica, con inversiones públicas y privadas cuantiosas para crear empleo e ingreso, así como para apoyar la reorganización institucional de los países. Esto sólo se logrará con el concurso de gobiernos y empresas provenientes de Estados Unidos, Europa y Asia.
Si la violencia le cuesta a Centroamérica 8% de su PIB, o sea casi 20,000 millones de dólares, revertir esta situación significa un mínimo de gasto de 100,000 millones de dólares, para construir instituciones para el desarrollo y la canalización de inversiones públicas y privadas. Sin inversión pública, la privada no llegará. Y si no hay un plan ambicioso y consistente, los recursos que se destinen serán desperdiciados.
Esto significa un delicado trabajo diplomático para obtener alianzas que permitan convencer primero al gobierno de Estados Unidos de que es mejor darle a los países centroamericanos viabilidad como naciones, en vez de acrecentar los conflictos que avizoran guerras civiles. Se recordará que fue con el gobierno de Obama que se aumentó notablemente la deportación de centroamericanos, con muchos criminales que los sacaron de las cárceles. El efecto fue devastador. Aumentó la criminalidad en los países centroamericanos, principalmente en El Salvador, que es donde tienen su reinado los maras.
Todo esto ha repercutido en la agudización de problemas que explican la criminalidad y la emigración.
En México es necesario desarrollar el sureste para vacunarlo de los efectos centroamericanos del estancamiento, la criminalidad, la pobreza y la inseguridad.
¿Cómo desarrollar el sureste mexicano? La respuesta se encuentra en concretar los proyectos de las Zonas Económicas Especiales, que han constituido un paquete de posibles inversiones públicas y privadas de 42,000 millones de dólares. Asimismo, la realización del proyecto interoceánico, el Tren Maya y las refinerías detonaran la actividad económica del sureste mexicano.