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Mezquinos
El titular de Educación así nos llamó a quienes criticamos los gastos del Bicentenario, pregúntese el funcionario qué festejó don Porfirio.
Así nos llamó, en alguna de sus demagógicas declaraciones, el atildado Secretario de Educación a quienes no festejamos los fastos septembrinos. Neoinquisidor, a la hoguera quienes no piensen como nosotros, los no creyentes.
Pregúntese el funcionario qué festejó don Porfirio: para orgullo propio y admiración de extraños, el asomo de México a la modernidad: luz eléctrica, teléfono, ferrocarriles, obras públicas, industria, comercio, banca, buenas relaciones con numerosos países, entre otros.
Celebró en concordia, en el reconocimiento y reconciliación con las raíces del país, enmarcado todo ello con la inauguración de escuelas, hospitales, hospicios, la universidad nacional, teatros, museos así como planteles de altos estudios. Además, con la construcción de edificios públicos que son vanagloria de villas y ciudades, sin ir más lejos nuestra Columna, emblema de don Marcelo, y nuestro Hemiciclo; con la realización de congresos, entre otros de indianistas y americanistas, de reuniones científicas, concursos, exposiciones y conferencias.
Contrastan aquellas demostraciones con las actuales, burdas y millonarias destinadas a la propaganda y publicidad de los políticos, so pretexto de los famosos aniversarios.
Mientras que el marqués de Polavieja nos trajo el uniforme de Morelos, aquí, irrespetuosamente, gran parada militar, gran faramalla, se mueven los huesitos de los Padres de la Patria para la necrofílica admiración del pueblo, recordamos la farsa en Ixcateopan de S.S. Coatemo con doña Eulalia, estos despojos sí son auténticos, ya los examinó Antropología, o quién sabe, aquí los de don Miguel, acá los de don Nacho, a aquellos pónganles nombre, el héroe número 13, imposible, sólo había 12.
Y todo ello con fallidas estelas de luz. Y una nueva pieza oratoria del Secretario, nos recuerda las de los románticos melosos, justo del Porfiriato.
Mejor fíjese el Secretario en cómo paliar la dramática situación de los niños en la mayoría de sus escuelas, indague cuál es el porcentaje de los que sufren problemas emocionales, bajo rendimiento, pésimo ambiente familiar o ausencia de padres, miedos, violencia y otros males que pesan sobre el desarrollo del país en su conjunto.
Luche Ud. para que los recursos no se derrochen en bombo y platillos. O renuncie. Como muchos más, avergonzados, deberían hacerlo.
Sí, señor Secretario: soy mezquino y a mucha honra de mexicano.
parroyo@eleconomista.com.mx