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Me dedique a perderte
Una empresa tiene como compromiso básico el mantener su rentabilidad y transitar en un mercado con competitividad y fortaleza económica. Si las condiciones que presenta, por el contrario, la ubican en un escenario de inviabilidad, la única forma de sostenerse será apoyándose en inyecciones de capital para operación por parte de sus socios. No es distinto en el caso de una empresa estatal cuya actividad es fundamental para la marcha económica del país. Sin embargo, en un contexto de astringencia económica grave como el que se vive a nivel global, el espacio para seguir drenando con pérdidas el presupuesto público es cada vez más reducido.
Pemex se ha convertido en un pozo sin fondo para la economía nacional. Sostenida en dogmas que enaltecen un mal entendido patriotismo, la petrolera transita por uno de los peores momentos de su historia al registrar 1,200 millones de dólares en pérdidas para el primer semestre del 2021, que suman al acumulado de 23,000 millones reconocidos en el fatídico 2020. Pero el entuerto que vive Petróleos Mexicanos no solo existe en la ruta fortuita que propuso la pandemia; una reiterada baja en la calificación de su deuda que proviene desde 2019, así como el viraje en la conducción hacia el proteccionismo y la cerrazón, han hecho de la empresa un duro lastre para el gobierno mexicano que, tarde o temprano, carecerá de los fondos suficientes para hacer frente a los compromisos de deuda y gasto que se tienen ya ni siquiera a mediano, sino a muy corto plazo.
La formula para el caos financiero es muy sencilla; cuando la operación no genera suficiente, se tendría que priorizar el gasto hacia aquellas áreas que generaran mayor productividad. Pero la sorpresa es grande cuando la estrategia se rige por la irracionalidad de concentrar los pocos dineros generados hacia áreas que tienen metas aspiracionales en ese nacionalismo que, conduce a un escenario sumamente improductivo. Desde 2019, Pemex ha invertido subrayadamente en las áreas de petroquímica y refinación y ha renunciado prácticamente a la inversión en exploración y producción petrolera. Lo contradictorio es que, en ese camino, la generación de ganancias se reduce en un 43% a diferencia cuando se le concede prioridad a la inversión en el sendero inverso. ¿Cómo podría una empresa hacer frente a sus obligaciones cuando opta por darse un escopetazo en la pierna? Para el año venidero habrá que cubrir poco más de 4,000 millones de dólares documentados en deuda de corto plazo y ahí no hay más salvamento que el auxilio del estado mexicano por la vía de la aportación directa, sumada a un esquema fiscal de apoyo emergente.
Como la canción vernácula que aflorara de las voces de los Fernández, hoy tan destacados; parece que se hace todo por perder en una empresa que, de naufragar, tendrá un vórtice de arrastre sumamente violento para toda la economía.
Twitter: @gdeloya