Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

Mala espina

Con los desdibujos de siempre, el Presidente realizó su última magistral movida: cambios en el gabinete, y nombra a un cuate como titular de Economía.

Qué coraje da ver los palos de ciego del Presidente, presidentito, gira y gira, viaje y vieja, fuerza dada dizque por el pueblo en las urnas que se suma a los leas, jolopos y vicentinos, sin ofender a la comunidad que lleva el último nombre. Tumba del partido político que echó a la basura una oportunidad de oro. RIP.

Yo creía que las fuerzas malignas del mal se cernían sobre la cabeza de nuestro andariego y declaratorio Presidente. El poder enajena, adiós razón.

Su última magistral movida fue la del gabinete: entre la miríada de economistas y/o individuos súper capaces, experimentados y conocedores, se le ocurrió nombrar a un cuate -cabe decir con nombre de marca de coche, que cuenta con reconocidos títulos canónicos y maestrías en ciencias ecuménicas familiares, apenas para jalapié del DIF y con muchos asegunes- como titular nada más y nada menos que de la Secretaría de Economía.

Bien hecho, buena trayectoria en Pro-México, uno de tantos engendros burocráticos con sus correspondientes prebendas. Y henos aquí que un oscuro abogado, conocedor profundo de Baja California (su apellido en castizo se pronuncia bleic), ocupa el principal puesto político, en el amplio sentido de la palabra, del gobierno del país.

Y los desdibujos de siempre: el ex de Economía se va a la Oficina de la Presidencia y la titular de ésta, antes tan querida de la gran magistratura, se va a su casa. Dícese que se le premia con la embajaduría en Portugal. La tierra de mis ancestros. Qué envidia. El Presidente despide a los despedidos con palabras de encomio, hiciste esto, hiciste lo otro, hiciste lo de más allá.

Recibe a los nuevos exactamente con los mismos encargos que hizo a los antecesores: haz esto, lo otro y lo de más allá. Lo curioso es que todo, hechos y palabras, es una calca perfecta del viejo y siempre renovado Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Mínimo alguna pequeña originalidad, ¿no? Háganse de cuenta que yo contraigo siete chambas consecutivamente y que cambio -si es que se puede en estos tiempos de crisis económica- otras tantas veces de cónyuge, qué cansancio, de Raquel Welch, esa apetecibilísima mujer de mis juventudes, a Perica de los Palotes.

Ya no es mala espina. Ahora es la certeza de que tenemos un gobernante vanidoso, prepotente, inestable e incapaz, porque hace las cosas a la trompa talega. Qué diferencia, abismal, con la estatura, en todos sentidos, del señor que despachaba en el Palacio de Cobián.

parroyo@eleconomista.com.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas