Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

Google+: El clon que fracasó

Su origen está bien documentado. Una vez establecido su dominio en los buscadores de internet, los mapas y el correo electrónico, el gusano de las redes sociales empezó a quitarle el sueño a los creadores y directivos de Google.

La compañía que en algún momento se empezó a creer el mito de que era dueña del internet (para 2013 de acuerdo a Forbes, Google sumaba el 40% del tráfico global de internet) empezó a mirar a Facebook como quien mira al vecino con auto nuevo.

Vic Gundotra, vicepresidente social empezó a repetir a Larry Page (Cofundador y director de Google) un mantra pesimista Facebook nos va a matar. Si no creamos una red social pondremos todo en riesgo , reporta Seth Fiegerman en su blog en mashable.com.

Google apuraba remedos que fracasaban. Primero fue Orkut en 2004. Después fue Reader, un lector de noticias (2005). Wave, pretendía ser la plataforma de comunicación del futuro, excepto que nadie entendió el concepto. Después fue Buzz, pegada a Gmail hasta que tuvo que desaparecer por su manejo terrible de la privacidad de los datos de sus usuarios.

Mientras Google hacía sus pininos y fracasaba una y otra vez, Facebook crecía. Para 2010 sumaba 500 millones de usuarios y se valoraba por encima de los 13 mil millones de dólares. La compañía de Zuckerberg no sólo generaba envidia en los cuarteles de Google, también se llevaba sus ejecutivos, sus usuarios, anunciantes y clientes.

Faltaba poco para que tanto Facebook como Twitter empezaran a comercializar publicidad, otro de los hasta entonces pilares del gigante.

El mandato fue claro: tenemos que tener una red social como Facebook pero mejor. Y la hicieron. La empresa que hasta entonces se acercaba a nuevos proyectos como quien moja los pies en la alberca para medir la temperatura antes de meterse, decide de pronto saltar a ciegas.

El compromiso fue tal, que la nueva red se ligaba a todos los servicios de Google. Pronto quedó claro que el uso de muchos de las aplicaciones gratuitas de Google se condicionaba a tener una cuenta en su red social , aunque esa cuenta se abriera como un trámite más y nunca más volviera uno a asomarse por ahí.

Internamente, la compañía apostó el todo por el todo. Cambió su sistema interno de videoconferencias por el Hangout (aunque el funcionamiento de éste era inconsistente). Amarró lo que ya funcionaba al barco del Google+ pensando que en la interconexión de todo lo que funcionaba sacaría a flote su elefante blanco.

Mientras otra de las ramas de la empresa anotaba un éxito tras otro con su lenguaje para dispositivos móviles (Android), la red social no despegaba.

Google+ tenía todas las características del benchmarking. Un producto que se construyó con los ojos en el otro, listo para superarlo en cada competencia, real o imaginaria sobre el terreno.

Por supuesto uno de los bemoles de construir con la mirada en el otro es que el foco de la organización deja muy poco lugar para diferenciarse y ya no digamos innovar. Si lo que te interesa es sumar la lista de funcionalidades de otro producto, el compromiso está ahí, no hay espacio para la mirada fresca que se necesita para romper esquemas. Su mejor acierto, los círculos, fueron poco después integrados a los esquemas de privacidad de Facebook.

Al final poco importa que fuera paso a paso mejor que Facebook: carecía de personalidad propia. Era una versión mejorada de Facebook que sin embargo no era Facebook. Google+ ofrecía una larga y confusa lista de cosas que podías hacer si te cambiabas de red social .

Mientras Twitter o Pinterest ofrecían visiones radicalmente distintas a la interacción, Google+ era una alternativa sustituta que llegaba a usuarios que ya estaban en otro lado.

Dentro de la empresa, según los reportes que se han filtrado, la filosofía corporativa se ligó tanto al éxito obligatorio que cualquier objetividad quedó en el camino. Inadvertidamente abrazaron el camino al fracaso que ha sumergido una y otra vez las empresas humanas: Leer cada señal positiva como lo que falta para triunfar, mientras que las señales negativas se ignoran y no se discuten.

Google ha rectificado (más o menos). Cambió a sus directivos y renombró sus departamentos de desarrollo. Quitó funcionalidades a su red (la edición de fotos y Hangout fueron los primeros sacrificados) y dejó de volverlo obligatorio para usar otros servicios. Su nuevo foco está en permitir que sus usuarios compartan cosas que les gustan, o sea, dejó de emular a Facebook para parecerse a Pinterest.

Ayer, Google anunció que la compañía se volvería subsidiaria de una entidad llamada Alphabet . La compañía que empezó como el buscador más conocido del mundo, se tropezaba con su propio éxito. Se descubría financiando y desarrollando proyectos contrapuestos, dispersando esfuerzos y recursos. Alphabet pretende remediar eso, cotizará en bolsa y reorganizará internamente las áreas que funcionan, las que son apenas especulación y las que ya no merecen inversión de tiempo o recursos. ¿Existirá Alphabet en diez años?

Twitter @rgarciamainou

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Noticias Recomendadas