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Opinión

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Ética humana, derechos animales y crianza industrial

El que esto escribe no es vegetariano o vegano. Sólo asume cada día con más inquietud el imperativo moral de un trato humanitario a seres sintientes y con inteligencia apreciable, con quienes sólo nos separa un fino gradiente de desarrollo genético. Una esencia de lo humano es la compasión y la solidaridad con individuos que sienten y poseen una clara capacidad de sufrir; con quienes tienen necesidades de interacción social y de libertad para perseguir los fines que les han sido insertados en su genoma por la selección natural y la evolución. El ser humano nunca podrá alcanzar un estadio pleno de civilización mientras someta a miles de millones de seres sintientes e inteligentes a torturas indecibles.

Este planeta ha sido conquistado casi en su totalidad por el Homo sapiens. Hemos destruido el hábitat de millones de especies, al alcanzar una población abrumadora de más de 7,000 millones de personas humanas. Con ello, hemos abortado y cancelado una miríada de trayectorias evolutivas, y acaparado casi 60% de toda la productividad biológica neta de la Tierra. Hemos esclavizado a decenas de miles de millones de animales con quienes compartimos más de 90% de nuestra información genética. Los hemos sometido a martirios de una crueldad extrema, confinándolos en celdas que impiden un movimiento mínimo, atiborrándolos de antibióticos. La venganza darwiniana es el surgimiento de superbacterias resistentes a todo tipo de antibióticos que se transfieren a los humanos.

Les hemos cercenado todas sus redes de interacción social y coartado brutalmente sus impulsos conductuales de desplazamiento, búsqueda y asociación. El sufrimiento impuesto a cerdos, reses, gallinas y pollos es infinito. Se manejan y torturan como objetos, como máquinas industriales de producción de proteína animal, por cierto, terriblemente ineficientes desde una perspectiva ecológica y termodinámica.

Los cerdos son animales de inteligencia y sensibilidad notables, que aprisionamos en inmundas cajas metálicas donde padecen sus propias excrecencias y se les impide el más mínimo movimiento durante los pocos meses de vida que les permitimos. Las hembras son inseminadas artificialmente bajo martirio. Mamíferos y aves tienen probadamente una gran complejidad cognitiva y emocional. A cerdos, reses y pollos se les priva con violencia extrema de desarrollar lazos afectivos con sus madres, para lo cual están codificados genéticamente. Se les mata en condiciones bárbaras de estrés, donde el sufrimiento es desgarrador. El ciclo de vida que les permitimos es brevísimo, el máximo rentable. Los saturamos de hormonas químicas para alterar sus patrones de crecimiento, mientras permanecen toda su vida atormentados en celdas minúsculas. Las gallinas son aves curiosas y territoriales, cuyo ADN las impulsa a explorar, a aparearse y a anidar de acuerdo con sus propios patrones circadianos de conducta; las encarcelamos en jaulas mínimas de tortura dentro de gigantescas naves industriales martirizadas 24 horas al día bajo reflectores ardientes. Nunca en la historia del planeta se había generado tanto sufrimiento.

La ciencia nos ha enseñado que sólo nos separan de reses, cerdos y gallinas algunos genes, y que compartimos con ellos características anatómicas, estructuras cerebrales, y diversos rasgos de inteligencia y de sensibilidad. Sin embargo, hemos montado en el mundo la maquinaria de tortura más perversa y despiadada imaginable.

Civilización es extender nuestros círculos concéntricos de solidaridad; primero a la familia, después al clan y a la comunidad, más adelante a la nación y a la especie. Ya los ampliamos a otras especies: perros, cetáceos y primates. La dignidad humana y civilizatorio implica ir más allá, hasta cubrir a todos los seres sintientes y con inteligencia. Es preciso crear leyes y normas de trato humanitario a los animales, y transformar nuestros hábitos alimenticios. Sólo así nos redimiremos como civilización y especie.

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Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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