Lectura 3:00 min
El porvenir
No hay certeza de que el futuro repita el pasado y cada año es una aventura, expresan los Durant. Todo porvenir es fabuloso, según Carpentier.
Me han dicho: ya escribiste suficiente sobre el presente y el pasado, ¿por qué no lo haces sobre el porvenir de México?
La tarea me sobrepasa y, además, dada mi experiencia, la considero inútil: en el 79 convocamos a un montón de gente de razón para que redactara tres cuartillas con su visión del país de la década de los 80, según especialidades; el estudio, llamado a estimular reflexiones y discusión, se distribuyó entre los jefes de la gran empresa, los cuales quedaron imperturbables, de seguro no leyeron ni el prólogo.
Era el tiempo en que hacíamos trabajos bonitos que no tenían nada que ver con costos y utilidades. Vuélvase a la carga sin aprender la lección: México en la década de los 90 sí fue impreso y distribuido con cierta amplitud.
Nula respuesta a los planteamientos de los autores, que, por un lado, no pasaron de vaguedades, lugares comunes y buenas intenciones, más por otro hubo ideas brillantes, semillas caídas, ¡ay!, en tierra estéril, la que caracteriza a este abrojoso suelo mexicano en el que nada cala.
¿Quién predijo la incapacidad de gobernados y gobernantes -del Estado-, los accidentes paralizantes y las crisis importadas? Nadie.
¿Quién predijo que nuestra nación, urgida de desarrollo, caería en permanente estancamiento? ¿Y que la política seguiría siendo, como hasta hoy, la crucifixión del pueblo necesitado? ¿Que los políticos seguirían siendo las rémoras de siempre?
Por eso no escribo sobre el mañana. El único que tengo claro es el mío, y a medias, porque desconozco cuándo se va a acabar.
Modelos y artilugios diversos no sirven, lo humano es impredecible, menos sirven los profetas y adivinadores, que existen desde la más remota antigüedad. Me gustaría una sociedad satisfecha, saludable, educada, civilizada y solidaria.
Wells nos conduce con su imaginación ante el espectáculo de la civilización del mañana, cielo azul, limpio y radiante, todo tranquilidad y bienestar. ¡Pamplinas!
No hay certeza de que el futuro repita el pasado y cada año es una aventura, expresan los Durant.
Todo porvenir es fabuloso, según Carpentier: remoto, irracional, utópico, fantástico. Como dice Greene: cuando uno llega a cierta edad se despreocupa del porvenir; ya es bastante éxito estar vivo. Todavía lo estoy.
Me preocupan mis congéneres víctimas de los adelantos, del automóvil y el calentamiento global, de la eficiencia, la competencia, los mercados y las ganancias.
paveleyra@eleconomista.com.mx