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Opinión

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El ciclo incompleto

243.8 millones de toneladas de litio, potencialmente explotable tan solo en el yacimiento de Bacadéhuachi, en Sonora, sumado a otras locaciones con presencia del preciado mineral, vienen a hacer de nuestro país un apetecible paraíso para la provisión mundial del nuevo oro. El litio viene aparejado a una rampante demanda por insumos necesarios para la industria fotováltica, la cual, ante el incremento de uso de vehículos alimentados por electricidad, se ha convertido en un foco de requerimientos con un valor para algunos potencialmente mayor que la industria petrolera. Sin embargo, a pesar de una apreciación imbuida en el contexto, existen datos que tienden a contradecir ese enorme valor percibido si es que no se completan cadenas productivas y de fabricación de productos finales.

De concebirlo de otra manera, el litio por si mismo no concederá prosperidad al estar enclavado en los yacimientos; podríamos estar en la proclividad de cometer errores similares a lo que ahora queremos aliviar con premura respecto del petróleo. Es sabido que el producto de consumo predilecto en el rubro petrolero no es el crudo mexicano, sino la gasolina refinada la cual nuestro país importa en 714,000 barriles diarios en promedio. Por igual, y al seguir la misma lógica, sabremos que el gran valor del litio no se encuentra en su extracción y exportación, sino en el valor derivado de una cadena completa de producción que incluye, además, el eslabón de producción química, la creación de cátodos y celdas, y finalmente el ensamblaje en dispositivos de baterías sustentadas en tal producción.

El diálogo con tinte nacionalista y patriótico donde ahora, el litio es de los mexicanos, es un enaltecimiento útil en el carril de una narrativa política. La razón de real provecho se encuentra en fructificar desde una perspectiva útil, todas las ventajas que se nos conceden para constituir una real industria alrededor del litio, que posteriormente no tenga que voltear allende de la frontera, y crear en consecuencia real derrama económica y prosperidad ante una tendencia que es irrenunciable en el mundo. Se estima que para el 2030, la industria de las baterías de ion de litio, alcanzará un valor de 300,000 millones de dólares en un mercado internacional que las demandará no solamente para vehículos, sino para cualquier fuente de provisión energética limpia.

Las naciones que cuentan con grandes yacimientos del metal como lo son Bolivia, Argentina, Chile, Australia y China, han presentado proyectos que incluyen, adicionalmente a la extracción, clústeres de producción para el almacenamiento y ensamblaje de componentes. Si no se apuesta por lograr una reforma legal adecuada, además de un esquema de inversión y producción de insumos fotoválticos, seguiremos contemplando a nivel de piso una oportunidad que bien puede desperdiciarse entre discursos que hoy claman por investigar el otorgamiento de concesiones en el pasado. Hay que aprovechar con estrategia el presente para edificar un futuro mucho más prolífico.

Twitter: @gdeloya

Guillermo Deloya Cobián es oriundo de Puebla, licenciado en derecho, con especialidad en derecho fiscal, maestro en economía y gobierno y doctor en planeación estratégica y políticas de desarrollo. Actualmente cursa la maestría en escritura creativa en la Universidad de Salamanca. Es articulista y comentarista en diversos medios de comunicación nacionales y locales, ha publicado ocho libros, además de diversos ensayos en temas que van desde lo económico, político y jurídico, hasta una novela histórica ubicada en el siglo XVIII. Es comentarista y analista en temas de política, economía y jurídicos en ADN40. Ha desarrollado una constante actividad docente como profesor universitario tanto en Puebla como en la CDMX. Cuenta con una trayectoria en el sector público de veintiocho años donde ha ocupado cargos en los ámbitos federal y estatal, en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en la Procuraduría General de la República, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, en el Consejo de la Judicatura Federal y el Gobierno del Estado de Puebla, fue Coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, INAFED, de la Secretaría de Gobernación y ha ocupado diversos cargos partidistas.

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