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Opinión

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El Jesús histórico

A partir de los años 50, pero sobre todo después del Concilio Vaticano II, que termina en 1965, se intensificaron los estudios sobre el Jesús histórico y esa tendencia se ha consolidado y convertido en un campo de investigación que despierta enorme interés y provoca también intensas y muy pertinentes discusiones.

Los investigadores tienen muy claro que los Evangelios no son textos de historia, sino documentos religiosos que expresan y dan testimonio de cómo las primeras comunidades cristianas vivían la fe. En ellos hay una teologización de la historia de Jesús, del Mesías, que se quiere comunicar a los demás, para que también se animen a creer.

Al hablar del Jesús histórico, se hace referencia a lo que con el método propio de la historia se puede realmente conocer de él e implica necesariamente la separación entre el testimonio de la fe, la teologización de su figura y el dato histórico al que se puede acceder. Es una tarea difícil, pero no imposible.

Los investigadores son conscientes que nunca se podrá tener una historia precisa, una real biografía de Jesús, como tampoco se tiene de cientos de grandes personajes históricos, pero que sí es posible, con  elevado grado de probabilidad, trazar las grandes líneas maestras de su vida y mensaje, como ocurre también con otros personajes de la historia.

Las primeras comunidades cristianas hicieron suyo al Jesús de la historia, al que vivió en la Palestina de su tiempo y en contacto con sus contemporáneos y no al Jesús histórico, resultado del método de la investigación histórica crítica.

Ellos, pues, para creer, no tuvieron acceso a una biografía de Jesús.

La reconstrucción histórica de la imagen de Jesús no se convierte, pues, en criterio de la fe cristiana, pero sin duda ayuda a la misma.

Se asume con claridad que la divinidad de Jesús, para todos los que creemos en él, se revela y manifiesta en su humanidad histórica concreta.

Los investigadores del Jesús histórico sostienen que la recuperación de su humanidad evita que la fe se sostenga sólo en una divinidad puramente teologizada ajena a su accionar como personaje que vivió y actuó de una específica manera.

Se evita así tener fe en un Cristo, abstracto y etéreo, que incluso niega la realidad de Jesús.

El seguir a Jesús exige conocer, en la medida que es posible, su realidad histórica, para actuar en consecuencia. La identidad del Dios de los cristianos se manifiesta precisamente en la humanidad histórica de Jesús de Nazaret.

Ésta ha sido una de las grandes preocupaciones de la cristología que se ha trabajado desde Latinoamérica. Mañana, precisamente, se inicia la conmemoración de la muerte de este personaje de la historia y para los creyentes, también de su Resurrección.

Twitter: @RubenAguilar

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